Empieza a los treinta años, pero se hace más evidente a partir de los 45.
Hay cambios físicos notables, como pérdida de cabello, la curva de la abundancia y la erección, que no es tan intensa como antes.
También hay cambios en el patrón de sueño y aparece una mayor emotividad, que antes estaba muy negada.
Psicológicamente, tienen la sensación de caducidad y empiezan a sentir que los más jóvenes van a sustituirles en su puesto de trabajo.