La ampliación de la Unión Europea a 25 miembros generó muchos miedos en los países desarrollados. Estos temores se expresaron en un fantasma: el plomero polaco.
El plomero polaco iba a desplazar a sus contrapartes ofreciendo sus servicios por menos dinero. El temor no fue más que eso.
No ha habido una invasión polaca ni un desplazamiento de la mano de obra local. En muchas áreas los polacos han cubierto claras necesidades de los países de origen. De estos casos, el más sorprendente es el de los sacerdotes católicos.
Hoy Polonia exporta sacerdotes al resto de Europa. Las cifras al respecto son elocuentes. En Inglaterra y Gales por ejemplo hay unos 100 sacerdotes polacos que suplen la falta de curas nativos.