Un golpe, una caída, un estornudo demasiado fuerte, un cambio brusco de temperatura, entre otros, pueden ser las causantes de una hemorragia nasal, conocida científicamente como “epistaxis”.
Tal vez, lo que pocos saben es que esta fue la causa de la muerte de Atila, el rey de los hunos. El hombre al que los romanos llamaban “El flagelo de Dios” murió en la cama por una hemorragia nasal. Al parecer, según el historiador romano Priscus, se le reventaron los vasos sanguíneos de la nariz mientras dormía y murió ahogado en su propia sangre.
Según el British Medical Journal, quienes presentan una hemorragia nasal pueden detenerla presionando la punta de la nariz durante unos cinco o diez minutos. Así se ayuda a la coagulación de la sangre. También es útil una compresa fría, o una bolsa de hielo, sobre el puente de la nariz. Si la hemorragia dura más de veinte minutos o si es consecuencia de un golpe en la cabeza, se recomienda ir al médico.
Pero por ninguna razón se debe inclinar la cabeza hacia atrás, pues podrías dirigir la hemorragia hacia la garganta. Tragar sangre irrita el estómago y puede provocar náuseas y vómitos. Y si la sangre pasara a los pulmones por la tráquea, podría provocar ahogos , como le pasó a Atila.