Dios está contento con Edith Samaniego, porque es una madre ejemplar, ha pulido cuatro diamantes: Crystal, Eduardo, Adán y María.
No ha permitido que las malas hierbas invadan su jardín, un hogar humilde, pero de gente honrada que tiene metas en la vida, que sabe que los grandes tesoros no son materiales y que ha sacado fuerza de las privaciones para convertir sus problemas en retos y oportunidades.
Una mujer de contextura delgada, Edith, de 40 años, es baja de estatura, sin embargo con una gran fortaleza interior y compromiso de hacer de sus dos hijas y sus dos hijos ciudadanas y ciudadanos de bien.
Ese engrandecerse en medio de la adversidad es un legado de su madre, Narcisa Rodríguez Vda. de Samaniego, quien a sus 80 años todavía va al monte allá en Las Cruces, Los Santos, a recoger leña para rajarla después ella misma para poner el fogón, cría gallinas y está activa todo el día. Tuvo trece hijos/as, de los/las cuales le sobrevivieron diez, con Alfredo Samaniego, cuya desaparición física todavía lloran en la campiña y Edith, cuando relata cómo la levantaron: siempre dándole el buen ejemplo, amor y enseñándole a trabajar duro y a vencer las circunstancias adversas con esfuerzo y constancia, virtudes que ella trata de fomentar en su hogar en Calidonia. O sea, una vez más se cumple el adagio: "de tal palo, tal astilla".
"Sé que donde está él se siente orgulloso de sus hijos. Le pidió a mis hermanos que no me abandonaran", expresó mientras sus ojos se cubrían de lágrimas y su voz se resquebrajaba.
Usted que conoce el rostro duro de la vida, el alcance de la miseria material y la magnitud de la riqueza espiritual, ¿con qué palabras motivaría a las madres solteras a mantenerse firmes en la formación de sus hijos/as y manutención de sus hogares?, le preguntamos a la señora Edith, quien sonrió y con aplomo dijo: "Mi mensaje a todas las mamás es que no importa que estén solas, como yo, porque, después que tengamos a nuestros hijos eso nos da fuerzas para seguir adelante. Me siento orgullosa qué tan alto ha llegado mi hija Crystal y de los logros de todos mis hijos. A pesar de todo yo he sobrevivido a todas las vicisitudes, hasta a la pobreza extrema. Mis hijos están bien con el favor de Dios y con la ayuda que lindas personas me han proporcionado. Que sigan siempre hacia delante y nunca hacia atrás".
Crystal, la mayor de sus hijas, es una niña ejemplar, cursa el VI grado en la escuela Gil Colunje con un promedio de 5.0 en toda su trayectoria escolar.
Esta buena señora que ha educado a sus cuatro hijos/as lavando y planchando acostumbra insistirles en que: "no se porten mal, que estudien, que se quieran, que ellos son hermanitos, que no digan palabras sucias, que no anden con niños que sean vulgares, que siempre anden con niños buenos, que tienen que respetar a los maestros y las personas mayores, que por encima de todo crean en Dios y quieran a Dios y que porque soy su madre, yo merezco el respeto de ellos".
Graduada de Bachiller en Letras en el Instituto Istmeño, Edith, oriunda "con todo el orgullo del alma de Los Santos", estudió dos años de profesorado en educación secundaria, pero se dedicó a la crianza de sus hijos/as cuando se quedó sola sin el respaldo del padre de ellos/as y sin pensarlo dos veces decidió que "lo más importante son ellos y que se preparen". Y en esta tarea se ha empeñado de lleno. En proveerles una educación integral, haciendo que estrechen los lazos filiales, porque está convencida de que el amor y respeto a Dios y el respaldo mutuo les servirán para, como águilas, remontarse alto, por encima de los pantanos que atrapan a las serpientes que es como denominaría a la gente mediocre y trepadora social.
A Edith -esta mujer sencilla, humilde, rica en virtudes, con metas claras, quien ha sufrido sinsabores de la vida, pero ha superado los tragos amargos con entereza; a esta mujer conocedora, a punto de ensayo y error, de algunos de los grandes secretos de la vida como lo son el valor de la perseverancia, la importancia de que haya concordancia entre esfuerzos y metas, la necesidad de forjar el destino de sus seres queridos con la honradez, trabajo y educación como pilares- estamos seguros de que Dios la mira con ojos de bondad y admiración, porque ella está firme como la montaña.