Aquellos que visiten el área de Amador, específicamente en los alrededores de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), podrán apreciar una pequeña plaza coronada por una pirámide de vidrio de color azul que resplandece bajo el sol.
Se trata de la “Plaza de la cultura y las etnias”, que fue inaugurada el viernes pasado, y que consiste en un homenaje al crisol de razas que conforma la identidad panameña.
La antes mencionada pirámide está sostenida por un hexágono de concreto bajo el cual pasa un puente que une dos muros de piedra y que representa el istmo de Panamá en su condición de puente biológico.
En uno de estos muros se erigen nueve monolitos, en representación de las etnias afroamericana, china, española, francesa, griega, hebrea, indostana, italiana y norteamericana. Entre cada monolito se han introducido maceteros que simbolizan la exuberante flora panameña.
A ambos lados de los muros de piedras se han construido dos piletas, que representan los océanos Pacífico y Atlántico.
Asimismo, las bancas que rodean la plaza han sido adornadas con mosaicos que hace alusión al nombre de Panamá, que en lengua aborigen significa “abundancia de peces, de flores y mariposas”.
El diseño de la “Plaza de la cultura y las etnias” ha sido concebido por el arquitecto chiricano Jesús S. Santamaría, quien explica que este monumento no sólo conmemora el cercano Centenario de la República, sino también la gran cantidad de inmigrantes que ha acogido Panamá en los últimos cien años.
Para esto, en cada monolito se ha instalado una placa que contiene información en español y en inglés sobre el porqué, cómo y cuándo estos grupos llegaron a Panamá, así como su evolución a través de los años. Además, se ha incluido una frase célebre de algún filósofo que sea representativo de la cultura de cada etnia.
La obra se inició a principios del mes de julio, como una iniciativa del Patronato de la Plaza de la Cultura y de las Etnias, presidida por José Chong-Hon, quien concibió este proyecto como una “forma de darle las gracias a Panamá por recibir a tantos inmigrantes”.
Santamaría subraya el hecho de que este proyecto no fue motivado “ni por fines de lucro ni por fines políticos”, sino que se trata de un aporte cívico que se ha hecho al entorno urbano de la ciudad de Panamá.
Su primera etapa se ha completado a un costo de aproximadamente 370 mil dólares. El dinero fue recaudado entre los distintos grupos étnicos participantes, y el terreno fue cedido por la ARI.
La segunda etapa, cuya construcción se tiene proyectada para los próximos años, incluirá una Museo de las Etnias, un conservatorio de música y un auditorio con forma de “concha acústica” con capacidad para 150 personas.