“Tengo mi libro, tengo mi máquina de escribir, estoy en Londres, nada puede salir mal”, declara Emma a los pocos minutos de comenzado el filme. Y esa parece ser la premisa para esta entrañable comedia (con algún toque agridulce) sobre la intensa relación de amistad, desencuentros y amor, de un hombre y una mujer a los largo de dos décadas.
La directora danesa Lone Scherfig, tras varios éxitos en su país como “Italiano para Principiantes”, dio el salto al cine británico con la exquisita “Enseñanza de Vida”, filme nominado a tres Óscar, incluyendo mejor película en 2010. En esta oportunidad, Scherfig logra tomar un “best seller” internacional del británico David Nicholls y llevarlo a la gran pantalla.

Según declararon los productores, en un principio se temía que un texto así, enteramente británico, fuese trasladado a los Estados Unidos. Por suerte, esto no ocurrió, ya que se percibe como una historia de amor totalmente europea, y en eso reside su gran interés.
Tomando como base los encuentros de Emma y Dexter –quienes se conocen un 15 de julio de 1988– justo el día de su graduación, y se van reencontrando en esa misma fecha durante varios años, el filme recorre la historia de un hombre y una mujer que desean ser más que amigos, pero a quienes las circunstancias no se los permiten del todo.

Toda comedia romántica tiene el desencuentro en la base misma de su existencia, sin embargo, existen dos tipos de películas de este género: las que solo se quedan en la gracia fácil y los vaivenes amorosos que no llevan a ningún lado, y las que como “Siempre el mismo día” logran mostrar la transformación de sus personajes. En este sentido, el trabajo de Anne Hathaway –recordada por su excelente actuación en “El diablo viste a la moda”– es muy destacado, ya que su transformación a través de los años (mérito también del vestuario y el “look” afeado) logra elevar la calidad del filme. El coprotagonista, Jim Sturgess, conocido por “21 Black Jack”, realiza bien su papel, aunque queda un poco opacado ante Hathaway y Patricia Clarkson –una gran actriz de roles secundarios–, que realiza el rol de su madre.
El ritmo de la trama, que impone los cortes temporales y naturales del tipo de propuesta, funcionan mucho mejor en la primera mitad que en la última, lo que torna la duración de 107 minutos en algo excesiva. Pese a estos desperfectos, “Siempre el mismo día” es una película interesante que vuelve a ubicar a su realizadora danesa en la mira de los directores a seguir.
Historia de amor.
“El ingenio de David Nicholls me atrajo”, declaró Lone Scherfig, directora de “Siempre el mismo día”. “Pero me convenció el hecho de que la novela fuera una auténtica historia de amor llevada a un nivel poco habitual”.
“Es una historia de amor”, corrobora David Nicholls, autor de la internacionalmente exitosa novela publicada en 2009 que sirve de base al filme, y guionista de la adaptación cinematográfica. “Pero también habla de amistad y de la familia, de nostalgia y pesar, y de que nuestras esperanzas y sueños nunca se hacen del todo realidad, al menos no tal como esperábamos. Tiene un sabor agridulce. Me apetecía escribir un romance de los de antes –y creo que lo es– que describiera los altibajos de una relación durante un periodo dilatado de tiempo”.
David Nicholls trabajó en la novela durante dos años. “Escribí otras cosas al mismo tiempo”, explicó. “Además, necesitaba planearlo todo con antelación, era como un rompecabezas. Debía plantar una semilla en un año para que reapareciera al siguiente. Tuve que pensar cuidadosamente qué pasaría durante veinte encuentros el 15 de julio. ‘Siempre el mismo día’ nunca fue un guion disfrazado de novela, pero reconozco que me gusta la ficción y los diálogos, y quizá tuvo un cualidad cinematográfica desde el principio”.
Enamorada de Emma.
A Anne Hathaway, le gustó tanto el personaje de Emma en una de las primeras versiones del guion, que se trasladó a Londres para explicarle a la productora por qué debía ser Emma.
Hathaway declaró: “Hace falta suerte para encontrar una historia que conmueva realmente, o un personaje que diga algo. En este filme encontré ambas cosas. Nina Jacobson (la productora) me mandó el libro; aún no se había publicado en Estados Unidos. Leí el guion antes que el libro. Nunca olvidaré esos momentos, sentada en la cocina. El guion me daba la impresión de estar ardiendo, como iluminado desde dentro. Me atrapó. Podía ver la película pasar delante de mis ojos, oír la voz de Emma, su acento del norte de Inglaterra. Me enamoré de ella”.