Los que somos un poco jóvenes en ocasiones nos preguntamos qué vamos a hacer cuando estemos de cierta edad.
Muchos tal vez llegamos a la conclusión que lo único que nos queda es el disfrutar de una jubilación, el ver crecer a los nietos, consentirlos y esperar a que llegue el fin de la vida, pues ya cumplimos con nuestra misión.
Esto es un gran error, el hecho de ser adultos mayores como hoy se les llama no significa el fin de la vida. Al contrario, es el inicio de una nueva etapa que al llevarla de una manera prudente nos traerá muchas satisfacciones personales, familiares y sociales.
Al tener más tiempo libre el adulto mayor cuenta con un vasto campo de oportunidades para realizar actividades que ele hagan sentirse útil y no una "carga" para sus familiares.
En nuestro país existen agrupaciones o instituciones que se dedican a formar equipos integrados por adultos mayores, quienes realizan actividades que los lleva a integrarse de una forma u otra al quehacer diario de sus nuevas vidas.
Esto lo pudimos experimentar recientemente en la provincia de Chiriquí, cuando damas de la Tercera Edad del grupo de la Policlínica Gustavo A. Ros se organizaron para hacer unos tamales que luego serían vendidos y cuyo beneficio se utilizaría para su agrupación.
El entusiasmo y la buena voluntad puestos por cada una de ellas en hacer su función a cabalidad eran sorprendentes. Ese día muy temprano llegaron a la casa de campo de la señora Rosa Peralta, a quien todos llamaban Rosita, caa una portando los ingredientes e implementos necesarios para lograr su objetivo: los tamales.
Rosa, Elvia, Martha, Namoni, Hermelinda, Beatriz y Cecilia, rápidamente se distribuyeron las faenas. Unas molían la masa y otras picaban los ingredientes que incluían cebolla, vegetales, pollos... Y, mientras esto ocurría las risas no dejaban de faltar.
"¡Muchachas, hacen falta más hojas de bijao!", gritó doña Amanda. Por supuesto, para mí esta expresión me asombró e hizo que asomara a mi rostro una sonrisa.
A media que el tiempo transcurre los trabajos disminuían pero el ánimo no. Ya para el mediodía casi todo estaba hecho. Sólo quedaba esperar que el producto se cocinara.
Las conversaciones no cesaban, hablaban de sus familias, planes y proyectos, ya que en su agrupación las doñas no sólo saben cocinar, sino que participan de otras actividades. Allí nos enteramos que unas eran de un coro, otras están integradas a un conjunto folclórico, tabla gimnástica y manualidades.
El ver tal vitalidad en estas damas y el empeño por seguir adelante fue como una dosis de energía que nos suministraron dándonos a ver que la edad adulta no es el fin de la vida, es un nuevo paso en el continuar de ésta.