Cada pieza de las que expondrá Diego Fábrega el próximo miércoles 9 de julio lleva el nombre de una canción famosa. El repertorio es variado. Hay desde óperas hasta temas movidos de rock de Los Beatles, que al unirse con los colores, forman un conjunto armonioso.
En el estudio de Diego no hay obras suyas. El día de la entrevista pudo mostrarlas porque no las había llevado aún para la galería. Esto obedece a su filosofía de intercambio. Él considera que es más beneficioso tener obras de otros pintores que las suyas colgadas de sus paredes, que con estas pinturas toma la apariencia de una galería de arte, similar a las que existen en el mercado.
Que Diego hable de su pintura no es inconveniente alguno. Para observar las obras en su propio hábitat, lo visité un sábado en la tarde, bajo una lluvia que en menos de una hora había inundado muchas calles.
Tras el recibimiento, la vista se va hacia dos pinturas colgadas muy juntas. Cuando el pintor se percató de esta acción, le dio un chorro de luz, para que la obra se apreciara mejor. Las dos pinturas son de un tamaño diferente al resto, una tiene tonos amarillos y la otra azules. Igualmente, estas son las piezas más viejas, las que han resistido la venta al detal, ya que Diego vende también sus cuadros en su casa.
Las pinturas hay que verlas con detenimiento. En un primer vistazo se puede generar una visión de la obra, pero en segundos y terceros recorridos se ven elementos que fueron insertados al azar, como pequeñas estrellas de distintas formas, notas musicales y otros elementos que se usan para hacer música.
Los tonos son muy azules porque esta muestra es portadora de la nueva alianza del pintor con este color. Atrás quedaron los tonos suaves, donde sobresalía el color tierra. Además del tono rojo que entra en esta serie, en forma de manchas que hacen alusión a la temática, centrada en los problemas colaterales que causan los cambios en la construcción, que en los cuadros crea más un espacio para la destrucción que los avances de la arquitectura.
Un espacio de lujo.
Un pequeño estudio de la casa de este pintor, que trabaja en una empresa de telecomunicaciones, tiene adquisiciones de varias épocas. Pimpito Dutary, Olga Sinclair, Trujillo, entre otros, son los que cubren estas paredes. Hay instrumentos musicales y una serie de fotografías del primer hijo de Diego, cuando tenía cinco años y tomó una sesión de fotografías.
A un lado de la sala, apoyada en una pared de bloques de vidrio, el pintor tiene una serie de varios cuadros verticales, que bien pueden comprarse por separado o llevarse la obra completa que tiene ocho piezas.