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Vacunas comestibles: de las inyecciones al plato


Dos siglos después del comienzo de la era de la vacunación moderna, que se inició cuando Jenner desarrolló un método para proteger a las personas de la viruela, la ciencia está poniendo a punto una nueva generación de vacunas antiinfecciosas que se administrarán imperceptiblemente, con cuchillo, plato y tenedor.
En 1796, el médico británico Edward Jenner probó su método de inmunización antivariólica, basado en una forma debilitada de la viruela que normalmente afectaba al ganado vacuno y a las personas que trabajaban con éste y que era conocida como ‘cow-pox’ o ‘vaccinia’; en español: vacuna.
El sabio recogió el contenido de una pústula que tenía en la mano una criada contaminada de una granja y lo inoculó en el brazo de un niño. Diez días después apareció una pústula que no tardó en curar, y en una segunda fase le inoculó la virue-la sin resultado nefasto. Su método se difundió por todo el mundo, y en 1805, Napoleón vacunó con esta técnica a todo su ejército.
REMEDIOS DE MESA Y MANTEL
Doscientos años después de la experiencia de Jenner, los científicos han efectuado experimentos que demuestran la viabilidad de las ‘vacunas comestibles’, consistentes en plantas alteradas mediante ingeniería genética y capaces de inmunizar a los humanos contra dolencias infecciosas, a través de la dieta.
A finales de 1995, el investigador Charles Arntzen y su equipo, de la Universidad A&M, de Houston (E.U.), anunciaron que han desarrollado plantas transgénicas (con sus genes alterados en laboratorio), de tabaco y de patata, las cuales producen unos antígenos bacte-rianos, con los cuales se logró inmumizar a ratones contra una infección intestinal.
Los antígenos son las sustancias que, al ser introducidas en el cuerpo, estimulan la formación de anticuerpos (las proteínas que produce el sistema inmunitario para combatir los elementos patógenos o extraños que amenazan el organismo). Las proteínas, son uno de los componentes más diminutos de los seres vivos.
Los antígenos bacterianos lograron proteger a las cobayas contra una infección entérica, que constituye una de las causas principales de muerte infantil en los países en desarrollo.
Los científicos insertaron en las plantas dos genes que expresan una estructura proteínica de la enterotoxina LTB de la bacteria ‘E.Coli’, la cual causa una peligrosa colitis, similar a la que produce el agente del cólera al alojarse en el intestino.
Después se administró un extracto soluble de hojas de tabaco a un grupo de ratones a través del tubo estomacal, y otro conjunto de roedores ingirió en su dieta una pequeña cantidad de las plantas de patatas también modificadas por ingeniería genética.
En ambos ensayos el antígeno administrado activó la producción de anticuerpos contra la enterotoxina de la bacteria ‘E.Coli’.
UN CAMINO CON OBSTÁCULOS
A pesar del éxito, considerada la primera demostración satisfactoria de que las ‘vacunas comestibles’ son posibles, el desarrollo de este método aún enfrenta problemas importantes.
La proteína utilizada en los ensayos es un potente inductor de la respuesta inmune del organismo, pero otras similares quizá no funcionen con tanta eficacia al administrarlas por vía oral, o podrían causar el efecto contrario, al inducir la tolerancia y causar un activación débil de las defensas orgánicas.
También puede suceder que otros componentes de las plantas transgénicas dificulten la acción de la proteína de la ‘vacuna comestible’ o que esta proteína pierda alguna de sus propiedades o reduzca su efecto al ser cocinada la planta que la alberga, para el consumo humano, como sucedería con las patatas.
Para resolver el posible efecto nocivo de la cocción de los alimentos, los investigadores de Houston ensayan el uso de frutas como vehículo del agente inmunizador.
Arntzen y su equipo han logrado introducir en un plátano, un gen extraño, que después se expresó normalmente, e intentarán repetir la prueba con un gen de la enterotoxina LTB, de la ‘E.Coli’, para comprobar la eficacia de este fruto como vehículo de una vacuna.
Otros científicos, como el doctor Julián Ma, del Guys Hospital, de Londres (Reino Unido), en colaboración con el Instituto Scripp de La Jolla, de California, y la empresa Plant Biotechnology, de San Diego, (E.U.), ensayan la vacunación mediante la inclusión de anti-cuerpos protectores producidos fuera del organismo humano.
Este grupo de especialistas ha efectuado un experimento con plantas transgénicas, capaces de producir un anticuerpo que podría agregarse a la pasta dentrífica para proteger a la dentadura contra la bacteria que la deteriora.
El equipo de Ma intenta producir una inmunoglobulina que segregan las mucosas de la boca y del tracto digestivo. Para convertir a los vegetales en ‘fabri-cas’ de anticuerpos, los expertos utilizaron cuatro líneas de plantas de tabaco, a cada una de las cuales se insertó un gen dife-rente, cada uno de los cuales expresa las cuatro proteínas que componen el anticuerpo.
Ahora, el equipo británico-estadounidense intentará acondicionar el anticuerpo en una pasta para dientes y prevé iniciar dentro de pocos meses los ensayos clínicos con seres humanos.
EL RETO DE REDISEÑAR VIRUS
Otros investigadores trabajan actualmente en el rediseño genético de ciertos virus vegetales, que no afectan a los animales, para que expresen fragmentos de proteínas de antígenos e induzcan una respuesta del sistema inmunitario.
Los científicos Jack Johnson, de la Universidad de Purdue, y George Lomonosoff, del Instituto John Innes, en Northwich, (Gran Bretaña) han conseguido introducir fragmentos de la proteína gp41 del virus del SIDA en otro virus denominado CPMV, que afecta a la planta tropical ‘Vigna unguiculata’ o ‘cowpea’, la cual produce una variedad de alubias negras.
Los investigadores afirman que este virus de plantas modificado por ingeniería genética permitió que se produjeran anti-cuerpos de ratón que neutralizaron el virus del SIDA en tubos de ensayo.
El virus CPMV, que lesiona las hojas de la ‘cowpea’ es especialmente apto para su modificación: los expertos comprobaron que pueden insertar fácilmente en él fragmentos de ADN (material genético) víricos extraños, sin alterar su capacidad para invadir la célula, replicarse y distribuirse por la planta.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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