Su nombre es sinónimo de glamour y de elegancia, pero también de fuente incalculable de ingresos económicos. El nombre de Valentino sella más de ochenta boutiques de lujo repartidas por todo el mundo, veinte líneas de accesorios y una gama de perfumes, además de sus delicadas colecciones. Desde niño tuvo un sentido estético muy desarrollado y se sentía atraído por la pintura, la decoración y la escultura. A los catorce años ya no quería estudiar en el Liceo y sólo pensaba en diseñar. Con el consentimiento y el apoyo de sus padres se marchó a Milán para estudiar Bellas Artes y allí descubrió su verdadera vocación: la moda.
Durante cinco años trabajó para Dessé y luego en el taller de costura de Guy Laroche en París. Sin embargo, la vuelta a su tierra, Italia, le acercó al éxito. Cuando Valentino con 25 años creó su propia casa de costura, la moda italiana estaba despuntando.
Su debut como diseñador tuvo lugar en la ciudad de Florencia, en el año 61. La prensa americana empezó a interesarse por él, pero alcanzó notoriedad cuando Jackie Kennedy comenzó a encargarle, desde entonces su fama como creador de exquisito gusto no ha tenido freno.
Valentino es la combinación de la elegancia francesa, el sentido práctico americano y el colorido de Italia. Su inspiración arranca de la propia vida. "La inspiración la encuentro en la fantasía y en las experiencias. La invención se forma del recuerdo de cosas vistas en el arte, en el cine o en un viaje", asegura el modisto.
UN IMPERIO ECONOMICO
Quien se ocupa de sus finanzas -50.000 millones de pesetas al año- es Giarcarlo Giamnetti, un arquitecto apasionado por la moda. Su firma abarca desde colecciones para mujer y hombre hasta gafas, corbatas, zapatos e, incluso, azulejos.
La sede del imperio Valentino se encuentra en el gran Palacio Mignanelli, de Roma. Pero, a pesar, del esnobismo que le rodea, su vida privada es sencilla. "Nada me hace más feliz que jugar con mis perros, escuchar buena música o pasear por el campo".
Entre sus clientas más conocidas se encuentran Margarita de Inglaterra, Farah Diba, Helena de Rothschild, Jacqueline de Ribes, la reina doña Sofía o las actrices Brooke Shields y Ornella Mutti, Rosario Nadal, Elle McPherson y Carolina de Mónaco, mujeres que han convertido en inmortales algunas de sus creaciones.
Su gusto exquisito le ha llevado a la decoración de interiores, prefiriendo ambientes barrocos con pinceladas orientales. Allí, donde la jet set es habitual, Valentino tiene una casa. Reparte su tiempo entre Capri, Gstaad, Nueva York, Londres o París, aunque su lugar preferido es la Via Apia Anrica, en Roma.
Todo un símbolo de magnitud, brillo y solvencia se asocian a su nombre. Respecto a la elegancia declara: "En una mujer la elegancia es un gran don porque puede tener diez cosas y ser capaz de combinarlas infinitamente. La elegancia es innata, pero también se aprende".
UN ESTILO PROPIO
Su universo personal es ordenado. "Sin entusiasmo y pasión no podría vivir ni trabajar, no quiero que nunca se apodere de mí el aburrimiento", comenta.
Valentino se ha convertido en un auténtico mito, algo que nunca imaginó, pero con lo que soñó. Es considerado como el verdadero creador del estilo italiano, capaz de interpretar los deseos de la mujer. Hoy el mundo entero aplaude su arte.