"Soy una realidad histórica en Panamá porque dentro del campo que yo me matrimonié he cumplido con una lealtad de profesional serio".
Tiene cerca de mil libros. Se considera un hombre probo y perseverante. Nunca deja nada inconcluso. Para él la amistad es algo sublime. Es de los que va a los hospitales a ver a los amigos.
He allí la imagen que tiene Víctor Martínez Blanco de sí. La que ha defendido en la pantalla y en vida cotidiana.
Sábados con Martínez Blanco sentó precedentes en la televisión nacional.
"Inicié mi carrera periodística al lado de Ramón Guerra, Chicho Brenes y Chago Anguizola. Hacía reportajes en bicicleta. Recorría las fiscalías, la gobernación.."
Nos cuenta orgulloso de sus pininos y de cuando llegó a la cúspide. De los "tiempos de las vacas gordas y los de las flacas".
Rememora cuando escuchar onda corta era lo que más acercaba a Panamá al acontecer mundial. Entonces fue la hora de la TV. Que llegó para quedarse.
Menciona nombres de gente muy apreciada por él con la que caminó esos tiempos difíciles en que Panamá acogió este revolucionario invento.
Se considera el auténtico pionero de la TV en Panamá y de la radio. "Inauguré solito por cinco horas Canal 2", nos dice muy ufano.
Así como nos habla de sus achaques, hay tiempo para aludir a pro hombres como Aristóteles y Platón, para ocuparse de la actualidad política, de lo que pasará con Noriega, del estado de la educación, de los que pescan en río revuelto, de la corrupción y otros dolores de cabeza de la patria.
El locuaz productor de TV, con esa chispa que le es propia, salta de un tema al otro con maestría. Abre paréntesis, habla de otro asunto o hurga en su mente y cita un nombre, un lugar, una fecha, un hecho histórico y cierra paréntesis. Retoma el tema anterior..
Hubo tiempo para hablar de su colección de anécdotas de personajes del mundo, citar frases, aforismos o fábulas. Para maravillarse de cómo Japón fue un "enano que se agigantó". Que aprendió de su derrota en la II Guerra Mundial y rompió el molde.
Relató anécdotas de su mascota Bobby Jack, que así bautizó al perrito bilingüe (entiende español e inglés) su hija Priscilla.
En una tertulia de casi dos horas, salpicada por el humor innato en Víctor Martínez Blanco, él se complace en hablar de su amistad con los hermanos Olivella, que data de cuando ellos arribaron a Panamá, procedentes de Cataluña y él les ayudó a abrirse paso. Hoy ellos le rendirán homenaje en Enmarcados Modernos (Boulevard Brostella, al lado de Deli-Gourmet-El Dorado), a las 7: 00 p.m. en el marco de una exposición de José María Olivella.
El público, amigos y admiradores suyos son bienvenidos a esta noche tan especial para él.
Conversar con Víctor Martínez Blanco es repasar la historia, viajar a través del tiempo por episodios que van desde cómo era el Panamá de ayer hasta internarnos en la morada oscura de la corrupción, la deslealtad, la envidia y otros antivalores que están echando gruesas raíces en la sociedad. Y le duele.
"Quiero mucho a mi país. Y me duele mi país. Porque sí, los tiempos cambian, pero la moral debe prevalecer. Nada debe atentar contra la justicia y la dignidad. Democracia con hambre no es democracia."
Hablar con él también es echar una ojeada a los estilos periodísticos de ayer y compararlos con los de hoy, hasta concluir que se está perdiendo la mística del comunicador. Es recorrer con la memoria fotográfica de que hace gala a sus 82 años parajes de la política criolla. Es comprender por qué hay que leer y releer a los clásicos. Obras como "El Hombre Mediocre", de José Ingenieros, uno de sus libros favoritos y seguir aferrándonos a Dios como la gran tabla de salvación.