El significado de esa palabra no siempre es uno que va de la mano de la razón humana. No son pocas las veces en las cuales la sinrazón hace de las suyas y de manera consciente, los propios seres humanos responsables de darle vida a la misma, restringen su connotación. Sucede así que veces esa palabra libertad es solamente traída a colación cuando no se nos permite hacer lo que nos da la gana de hacer o cuando lo hacemos, lo que nos da la gana de hacer, sin tomar en cuenta de que somos seres sociales que conviven con otros seres sociales y quienes gozan de igual derecho. En esos momentos pasamos por alto las otras tantas y variadas connotaciones que conlleva esa palabra llamada libertad y nos limitamos, solamente, a limitada y antojadiza acepción y al derecho natural que tenemos para ejercitarla y ejercerla sin tomar en cuenta si esta decisión limita la libertad de los demás.
Si los demás no comparten nuestra acepción, nuestra pequeñez de entendimiento, gritamos la tamaña injusticia de la cual somos o nos consideramos víctimas propiciatoria, desconsiderando el contexto de las otras personas a las cuales hemos agredido o podemos agredir.
Algo similar, por decir lo menos, es lo que ha sucedido con las medidas asumidas por las autoridades respectivas y que desfavorecen los intereses de un grupo de locutores y en consecuencias de los medios televisivos en los cuales éstos trabajan. Mismos, locutores y medios televisivos a través de sus voceros, que han señalado y señalan cuestiones en torno a las razones de su "libertad" para hacer lo que hicieron y lo que hacen y sin considerar o tomar en cuenta al público perceptor, que los ha visto y que los ha escuchado, por decir lo menos, perplejo. Público éste, cuantitativamente, los más socialmente hablando y que la hora de "razones" pareciera ser los menos dado que nadie lo toma en cuenta a él. Público que paradójicamente es el mismo a quienes esos locutores y esos medios televisivos asumen como razón de ser que justifica sus existencias, socialmente hablando y con ello ese derecho implícito en hacer realidad sus mensajes.
¿Habrá conciencia en torno al tipo de mensaje que han enviado y que envían? ¿Habrá conciencia en torno a que lo hecho tiene más relación con sus intereses y sus beneficios como locutores y como medios televisivos, que con lo que convendría, beneficiaría, importaría al público? ¿Son estos locutores y esos medios televisivos conocedores y responsables, socialmente hablando, de que su libertad y sus derechos terminan justo allí en el momento en que comienzan los derechos y las libertades de quienes los ven y los escuchan y que no tienen otra alternativa de ver y de escuchar otras voces y otros mensajes sino los que éstos les envían?
Aludirán no pocos, y no faltan quienes así lo hagan dado que lo repiten como cantaleta, que las "mejores prohibiciones" son las que no existen y que todo el comportamiento social se reduce a principios éticos, sean éstos individuales o sean colectivos. Habría que imaginar este principio aplicado en una realidad humana, como la nuestra en Panamá, en donde aún la existencia de normas y leyes no implica, necesariamente, que se cumplan dado que el principio social que pareciera regirnos es aquel de hacer siempre lo que nos venga en ganas, sea correcto o no o sea justo o injusto. Es decir, si aún con la vigencia de normas poco o nada importa el cumplimiento de las mismas si éstas se oponen a nuestros intereses: ¿qué pasaría cuando éstas, normas y leyes, con la soterrada cantaleta de que coartan y limitan y degradan nuestra libertad, dejaran de existir y todo se reduciría a una ética de carácter antojadizo y restringida a los seres humanos que la quieran ejercer o no?
Es lo que sucede cuando de manera graciosa, por decir lo menos, se recuerda que hay un compromiso con la sociedad, es decir con los seres humanos quienes los escuchan y los observan. En esos momentos cualesquiera pone el grito al cielo y grita que si los derechos humanos que le son violentados y se autocalifica de "comunicador social" y como tal intocable por la propia sociedad. Así, sin que se tome conciencia del hecho, el más desprevenido, y quien hasta ese punto ha abusado de un derecho, comunicarse con la sociedad a través de un medio masivo, se ve a sí mismo como "inocente ovejita" para que los demás lo entiendan como tal y se olviden de sus acciones sociales como "lobo feroz".
Habría que recordar algo que en nuestro medio, día a día se tiende, tendenciosamente a desconsiderar: que la libertad, si bien un derecho natural, implica compromisos y conlleva deberes. Es decir no es una realidad que llega de la nada y de la cual nos beneficiamos o pretendemos beneficiarnos sin aportar algo a cambio de ella. El primero de sus compromisos sería el de respetara la libertad de los otros con los cuales convivimos, y que en este caso se constituye como público. Considerar que nosotros, por ser locutores y por ser medios televisivos tenemos la libertad de ser emisor y que quienes son destinatarios de nuestros mensajes solamente tienen la libertad de ser público o sea aguantarse lo que a nosotros se nos antoje, como locutores y como medios televisivos, es ponerse una mira que solamente permite conocer una parte de la realidad social y que ese fragmento de la misma es toda la realidad social. Curiosamente, es pretender que ese fragmento de la totalidad de la realidad, debe asumirse como la realidad. Y pretender también, audazmente, que ésa es una develación y un reconocimiento del cual tendría que participar el resto de la sociedad, además de ser algo torpemente ingenuo es también algo peligrosamente tendencioso. Como lo es, así mismo, pensar que nosotros somos quienes tenemos libertad y que no es ni importante ni relevante que el resto de los seres humanos con los cuales convivimos, disfruten de igual derecho.