Sólo cuando el mexicano Xavier Velasco se decidió a "quemar las naves", como el conquistador español Hernán Cortéz, arribó a puerto seguro: el Premio Novela Alfaguara 2003. Luego de tres años de escribir cuartilla tras cuartilla, que iban a parar al cesto de la basura, se convenció de que "había llegado del momento de apostar a ganar".
"Lo que hice fue cerrar todas las salidas, "quemar las naves". "No más publicidad", le dije a mis amigos Y, me prometí no hacer nunca más un "slogan". Ahora no había vuelta atrás. A partir de entonces me dediqué por completo a escribir, era casi una obsesión". Ya no le quedaba duda de que la carrera contra el tiempo, la carrera de resistencia, había comenzado. Se había dicho a sí mismo: "si no apuesto todo, si no me lanzo del acantilado hacia abajo no voy a conseguirlo".
Si le hubieran dicho que su vida iba a dar un giro de 180 grados como ocurrió a partir de que ganó el VI Premio Alfaguara de Novela con "Diablo Guardián", no lo hubiera creído. Después de que abusó de su tarjeta de crédito y acumuló tantas "cuentas por pagar", (entre éstas 9 meses de renta, "igual que Gabriel García Márquez", según dijo), no más privaciones.
Ahora se ríe con la satisfacción propia de un ganador, alguien que goza de fama y crédito entre los que saben de letras. Otrora, contaba sólo con el crédito de un amigo de su padre que le hizo un préstamo pagadero en año y medio (con las regalías, según prometió Velasco) que hubo que extenderlo a dos años cuando vio que no había esperanza de que ocurriera el parto de la obra.
Sólo cuando el autor nacido en la capital mexicana, que llamó "la ciudad de los locos", se retó a cumplir su sueño, "quemó las naves" y decidió dejar navegar su imaginación, pudo dar ese viraje a su destino. Así puso fin también al aislamiento que se impuso y tantos días y noches de entrega a la novela que lo lanzaría a la fama, Velasco participó en la II Feria Internacional del Libro en Panamá, como parte de una gira por Latinoamérica, luego de haber visitado casi toda Sudamérica, a excepción de Venezuela y Brasil.
El comentó que después de escribir hoja tras hoja que no le satisfacía, tras intentarlo una, dos, tres... mil veces, hasta que logró el producto deseado, se dijo: "soy pobre, pero feliz". Mientras tanto, las hojas del calendario iban acompañándolo en su carrera contra el tiempo: 15 de diciembre era la fecha tope para entregar las obras al concurso.
Hijo único, de madre ama de casa y padre dedicado a las finanzas y luego anticuario, Xavier relata que "vengo de una familia tradicional a pesar de que siempre tuve este vicio de escribir. Desde muy niño escribía historietas que casi nunca terminaba, el chiste era escribirlas, jugar".
Aunque según dijo la vida le ha demostrado que lo más seguro es la mayoría de las veces lo más riesgoso. Es decir, su seguridad es aparente, comenta que "creo que buscaba algo seguro". Con todo y que tantas veces dejo inconclusas historias sin testigos, que fueron abortadas, "su sueño era darse por completo a la literatura", expresó, siempre sonriente, mientras firmaba autógrafos en el pabellón de la Editorial Alfaguara en ATLAPA.
Es un perfeccionista en lo que a sus escritos respecta. "Me pasaba corrigiéndola todos los días. Lo que premiaron no fue lo que se publicó. Y después del premio seguí corrigiendo, hasta que me la quitaron de las manos. Y a partir de entonces dejó de ser mía", dice, refiriéndose a "Diablo Guardián".
La mañana del sábado 6 de julio, un Xavier Velasco, que recién el viernes estaba también jovial en Santiago de Chile, es asediado por visitantes del pabellón, que lo interrumpen para que les autografíe el objeto de tantos desvelos y hoy causante de tantos logros, mientras relata que tenía un calendario donde escribía cuántos folios había escrito cada día, para ver si había cumplido la cuota que se había impuesto.
"Era como enfrentar al toro todos los días", "como ser capataz de mí mismo", comenta. Porque "a un escritor lo que más le cuesta trabajo es creer en lo que escribe", fue que después que escribió miles de cuartillas a mano y se las dictó a una mujer para que las pasara se dedicó a observarla para ver el impacto de la obra en ella. Sintió que valió la pena.
"No puedes estar esperando a que tenga éxito. Tienes que intentarlo una y otra vez, de muchas maneras, pero no dejar de escribir porque en esto vale más la persistencia que el talento. Tienes nada más que escribirlo, el éxito es acabarlo, lo demás es suplementario", responde a un joven que le pregunta "¿qué hay que hacer para escribir y tener éxito?" "El chiste es intentarlo", recalca, no sin añadir " poco a poco vas sembrando lo tuyo".