Los vendedores de recuerdos de Jerusalén "hacen su agosto" en diciembre a cuenta de la ingenuidad de peregrinos sedientos de autenticidad, y venden por 3.000 dólares un clavo oxidado con el que supuestamente se crucificó a Jesús, un trozo de "madera de la cruz" por 400 dólares y "pedazos de suela de sus sandalias" al mejor postor.
Estos días, en vísperas del año 2000, los peregrinos cristianos que "inundan" Jerusalén -y en particular el casco antiguo de la ciudad- buscan restos sagrados.
Los vendedores de recuerdos comenzaron a acumular ya en 1997 ese tipo de mercancía para responder a la demanda.
Hace algunos días entró en una de esas tiendas un turista estadounidense con aspecto de estar en buena posición económica, y le dijo al dueño que oyó que en diferentes lugares de la ciudad vieja de Jerusalén se pueden encontrar clavos auténticos de la crucifixión, y dio a entender que estaba dispuesto a pagar un buen precio por ellos.
Y puesto que ningún comerciante dice jamás que no puede conseguir una mercancía para un cliente, el dueño de la tienda sentó al peregrino en una silla, le ofreció una taza de café y dijo que vería lo que podía hacer por él.
El comerciante salió de la tienda y al cabo de algunos minutos volvió con dos clavos herrumbrosos clavados en un trozo de tela: uno de 10 milímetros de diámetro y otro más pequeño.
El comerciante dijo: "Este clavo fue analizado en un laboratorio y se vio que pertenecía a la época romana; forma parte de una colección que se encuentra en el monasterio franciscano vecino, en el que hay documentos que confirman que fue sacado de la cruz original".
Para hacer su versión más creíble, el comerciante añadió que "también el clavo pequeño pertenece a la época romana, pero se desconoce su origen y no se sabe si estaba o no en la cruz en la que murió Jesús".
Hay mucha gente que entra en las tiendas y paga un precio exagerado por mercancías habituales de la ciudad vieja como el pañuelo árabe, el juego del "backgammon" u objetos de cerámica, pero el comerciante contó que en los últimos meses él mismo se topó con cuatro turistas con los que se repitió la misma historia.
También otros comerciantes informaron de una demanda creciente de clavos, trozos de suela de las sandalias de Jesús y tacos de madera de olivo que supuestamente quedaron de la cruz.
Hace algunos meses fueron cortados a hachazos dos viejos árboles del monasterio de la Cruz de Jerusalén Oeste -la zona judía-, que pertenece a la Iglesia Greco-Ortodoxa y -de acuerdo con la tradición- fue construido en el lugar en el que se encontraban los olivos utilizados para construir la cruz de Jesús.
Desde el robo, también se reforzó la seguridad y protección del olivar similar existente junto a la iglesia de Getsemaní -construida sobre el lugar en el que Jesús solía reunirse con sus discípulos, y donde se refugió después de la Ultima Cena- y se reparó el cerco que lo rodea.
Los olivos, que al parecer tenían cientos de años, desaparecieron en forma misteriosa, y en el monasterio se sospecha que fueron a parar a los vendedores de recuerdos del casco antiguo de Jerusalén.
En el casco antiguo de Jerusalén Este hay 35 tiendas que cuentan con un certificado oficial de la Dirección de Antigüedades de Israel para comerciar con objetos antiguos, y son controlados por esa institución para evitar la venta de piezas robadas.
Se da por sentado que los dueños de esas tiendas no arriesgarán el certificado oficial tan difícil de conseguir vendiendo antigüedades falsas a los viandantes.
En cambio, los vendedores de recuerdos ven en esa nueva fuente de ingresos una forma fácil de ganar dinero, y como dijo uno de ellos: "Ni siquiera la ley puede proteger a los tontos de sí mismos".