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Viaje al espacio en plan turista


El turismo espacial podría ser una realidad desde los primeros años del próximo siglo si llegan a concretarse los planes de un ingeniero aeroespacial británico.
David Ashford, director gerente de la empresa Bristol Spaceplanes, ha diseñado con un pequeño equipo de colaboradores un avión de cuatro plazas, con alas en delta, llamado Ascender, que podría despegar de cualquier aeropuerto y ascender hasta más de 9.000 m con sus dos turborreactores, momento en el que entraría en funcionamiento un cohete con oxígeno e hidrógeno como combustible que lo impulsaría de nuevo hacia arriba, en un ascenso casi vertical.
Con este motor el Ascender podría llegar a una altura próxima a los 100 km., suficiente para que sus dos pilotos y otros dos pasajeros experimentaran la falta de gravedad mientras disfrutaban de maravillosas vistas de la tierra y del cielo.
La homologación del avión para poderlo utilizar en el transporte de pasajeros se producirá sólo tras varios años en servicio durante los que el Ascender se podría utilizar como vehículo para enviar sondas meteorológicas al espacio o como vehículo de pruebas. Una vez comprobada la viabilidad del proyecto, Ashford piensa que podría dar lugar a un vehículo más grandes que ya ha denominado Spacecab y posteriormente en un Spacebus de 50 plazas.
Las previsiones son que, cuando el programa sea una realidad, se podría viajar al espacio en el Spacecab por unas 6.500 libras (casi millón y medio de pesetas). Estos son los cálculos de la agencia de viajes WildWings, de Bristol, que ya ha empezado a recibir reservas por parte de los primeros interesados en viajar al espacio sin ser astronautas.
David Ashford y su equipo han hecho pruebas con el Ascender con una maqueta a escala 1:5 controlada a distancia. El vehículo de 274 cm de largo con una envergadura de 152 cm y unos 16 kg de peso al despegue ha realizado ya varios vuelos en una zona del sur de Inglaterra, algunos con un motor de combustible sólido, para evaluar la influencia del peso y su distribución en los factores que afectan al control de vuelo. El motor no se puso en marcha durante el vuelo, aunque sí se han realizado pruebas estáticas en tierra.
Para construir el Ascender no se necesitarán los carísimos metales de la última generación, sino que podría llevar un fuselaje convencional de aluminio así como sistemas normales de control de la reacción, comunicaciones, ayudas a la navegación y de seguridad. El vehículo podría tener un peso máximo de 4.000 kg y alcanzar una velocidad máxima de 4,4 Mach (4,4 veces la velocidad del sonido, es decir, unos 4.500 km/h).
Si Ashford consigue los 50 millones de libras necesarios para finalizar el proyecto, es posible que antes de tres años pudiera probar un prototipo y unos cuatro años más tarde estaría homologado para vuelos comerciales. Por tanto, estima que el turismo espacial subordital podría demorar unos siete años.
David Ashford dice: "En los últimos 35 años contamos con experiencia suficiente en vuelos espaciales tripulados, con unos 350 astronautas que nos dan la confianza suficiente de que no hay problemas insolubles. Este plan supondría una novedad en cuanto que el lanzamiento se haría con aviones convencionales y no con misiles balísticos. El planteamiento puede parecer sorprendente a muchos, aunque no tanto a los que ya hayan contemplado la posibilidad de hacer turismo espacial. Nos hemos acostumbrado tanto al riesgo y costo de los vuelos espaciales tripulados que el turismo espacial ya no nos debe ser sorpresa. Nuestro diseño de avión es muy bueno y el equipo también es muy bueno, aunque todavía tenemos problemas por resolver, sobre todo el de la credibilidad del proyecto".
Estos planes futuristas han sido examinados con toda atención por expertos, que no han visto serios inconvenientes. Concretamente el Spacecab fue objeto de un estudio de viabilidad por parte de la Agencia Espacial Europea (ESA), que confirmó que se pueden utilizan los actuales motores y materiales estructurales. Otro estudio independiente encargado por el viceministro del Espacio británico llegó a la conclusión de que el proyecto no tenía fallos fundamentales.
Si el principio del turismo prospera, David Ashford opina que el mercado es muy prometedor: "Lo importante de que por algo más de 6.000 libras se pueda estar unos días en el espacio, pernoctando en un hotel espacial, es que esa cantidad resulta asequible para cierto sector de los consumidores". En efecto, investigaciones llevadas a cabo en Japón indican que en ese país hay casi un millón de personas que están dispuestas a pagar esa cantidad por el viaje.
También se han hecho estudios en Canadá y Estados Unidos, que indican que también hay una parte importante de la población dispuesta a hacer turismo espacial. Eso le hace concluir con optimismo a Ashford: "Dadas las limitaciones de los estudios de mercado de un producto que todavía no existe y que requiere gran imaginación, podemos hacer una estimación prudente y suponer que la demanda anual de turismo espacial es de un millón de personas. En ese caso se necesitaría una flota de unos 50 artefactos espaciales de 50 plazas cada uno que hicieran un vuelo diario.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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