Los fabricantes de vídeo-juegos han dejado durante mucho tiempo olvidada a la población femenina de niñas y adolescentes. El diseño de vídeo-juegos para atraer a los niños se ha especializado en la competición y en la violencia, bajo la presunción de que estas dos premisas eran relevantes para los chicos, aunque no parecía tomarse en cuenta que aburrieran a las chicas.
Una gran parte de esta tendencia ha degenerado en diseños extremadamente violentos, como Mortal Combat, en los que matar gratuitamente y a mansalva no parece tener consecuencias morales en la mente de un adolescente, aunque si psicológicas, y muy graves, a decir de los expertos.
La exclusión de las chicas en el vídeo-juego parece tener un menor sentido económico aún, si se considera que las niñas constituyen al menos la mitad del mercado del entretenimiento infantil y juvenil.
Más allá de los insulsos vídeo-juegos "del mundo rosa-cursi" para cambiar de modelos a Barbie Superstary o cosas por el estilo, los intentos por aportar algo relevante al mundo de las chicas no han sido muy notables.
Tom Rider, que surgió a mediados de la década de los años 90 como una Indiana Jones atlética y aventurera, atrajo cierta atención entre las chicas, al coincidir con el auge del deporte femenino desde la escuela hasta los triunfos de los equipos de fútbol y baloncesto de mujeres en la escena de las competiciones internacionales.