Los señalamientos no siempre son infundados, pues son los más jóvenes "y no sus padres, por ejemplo" quienes pasan horas frente a un monitor o una consola entretenidos con algún videojuego. Esta conducta le roba el sueño a los especialistas en conducta humana que ven propagarse una nueva adicción y a algunas autoridades que han visto a la "violencia virtual" moverse al mundo real.
Que muchos de los adeptos a los videojuegos suelen convertir su pasatiempo en una adicción, es un hecho conocido; pero no siempre son los más jóvenes quienes sucumben.
"Miguel", por ejemplo, no tiene 13 o 17 años, sino 23. Sus amigos y conocidos saben que si desaparece un par de semanas; es porque prefiere la compañía de su consola de PlayStation, o de algún juego "de rol" (MMORPG) por Internet.
Cuando hace meses atrás, estrenó en Panamá la versión fílmica del popular juego "Silent Hill", Mario fue el único de su grupo de amigos que entendió la trama. Se esforzó por explicarla, sin mucho éxito; lo que acabó por poner de malhumor a este seguidor de videojuegos, quien no detiene su afición ni cuando es de madrugada.
Si de adhesión a esta actividad hablamos; no está de más mencionar que recientemente el músico británico Robbie Williams, de 32 años, confesó que, luego de dejar atrás el alcohol y las drogas, ahora tenía una nueva adicción: pasar horas jugando con su consola PlayStation. El cantante prefiere el videojuego de golf "Tiger Woods 2006".
Claro, el estar "enganchado" no tiene que ver con un juego en sí, o una marca, sino con la actitud de los jugadores. Los resultados podrían ser los mismos con un simulador virtual, un juego de rol por Internet o aquellos CD o DVD para jugar en la computadora, que usando alguna consola (PlayStation, Xbox, Nintendo o DreamCast).
Lo cierto es que los expertos apuntan a que este comportamiento podría ser equivalente a una "adicción" tan seria como la dependencia a sustancias narcóticas.
Ambos. Los videojuegos en sí no son un elemento negativo; de hecho, la acreditada revista científica "Nature" publicó en el 2003 un estudio que revelaba que quienes hacían uso de los mismos, por al menos 10 horas, tienen un campo visual más amplio que el resto, dada la estimulación cerebral.
El estudio fue hecho por la Universidad de Rochester, Estados Unidos.
No obstante, un escrito aparecido este año en la revista concluyó que los juegos de video violentos, tienden a desensibilizar a las personas para afrontar hechos reales. El aporte lo hizo el psicólogo Bruce Bartholow y otros investigadores, de la Universidad de Missouri tras analizar a 39 aficionados a estos juegos.
Otros expertos, analizaron a 7, 000 personas para concluir, durante el V Foro Europeo de Investigadores de Neurociencia, celebrado en julio en Viena, que los jugadores un poco más que habituales tienen lo que se denomina "memoria de adicción" en sus cerebros, de la misma forma que aquellos que consumen alcohol y marihuana.
Luego del descubrimiento, Ralf Thalemann del Instituto de Medicina Psicológica de la Universidad Charité de Berlín recomendó a los padres de los jóvenes, principales consumidores, que buscaran otras actividades que reemplazaran el estímulo que los videojuegos dan a sus hijos.
Aunque, los anterior no quiere decir que se crea una dependencia "física" hacia los videojuegos, bien podría tratarse de una forma de "ciberadicción" término recientemente acuñado por algunos especialistas para definir el nuevo comportamiento.
Hay formas de saber si un niño, adolescente adulto ha llevado muy lejos su gusto por los videojuegos. La mayoría de los autores coinciden en que las siguientes conductas podrían sugerir la presencia de una adicción.
Euforia mientras se juega en la consola o computadora.
Pensar en jugar mientras se está desarrollando otra actividad.
Mentir sobre el tiempo real que pasa jugando.
Descuidar las relaciones familiares, sentimentales, laborales, etc.
Ansiedad cuando no se está ejerciendo su "pasatiempo" favorito.
Intentar dejarlo, sin éxito.
La manifestación de al menos tres de estos síntomas, podrían representar la "ciberadicción" que pregonan los expertos. En Panamá, no existen centros especializados para tratarla; aunque dada la aparición de síntomas que denotan una adicción, es recomendable acudir Instituto de Salud Mental (INSAM).