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Violencia estudiantil, "la idea de heroicidad mal entendida"


Este no ha sido un año escolar que haya transcurrido en completa tranquilidad para docentes, alumnos, padres de familia e inclusive para los demás miembros de la sociedad. Alumnos de diferentes planteles han sido partícipes de diferentes reyertas estudiantiles, ocasionando un alto nivel de pérdidas materiales y, en algunos casos, la muerte de inocentes.
La escala asciende a tres estudiantes asesinados. Quizás el caso más emblemático fue el ocurrido hace escasamente unos días, en donde un estudiante de la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía asesinó de una certera puñalada a otro estudiante del colegio vecino Richard Newman.
Sin ser menos importantes, no podemos dejar de citar otras muertes fatales de otros estudiantes, la violencia que reflejan los alumnos ante las autoridades, en los ya acostumbrados cierres de calles y las rivalidades entre ellos mismos.
Aunque los casos son aislados, la violencia estudiantil es un problema que va en aumento. Para el magíster en sicología clínica, Fabio Betancourt, del Centro Médico Paitilla, los comportamientos agresivos entre estudiantes, particularmente adolescentes, con la intención de hacer daños son dignos de estudiarse desde un enfoque multifactorial.
Coincide con la profesora Angélica Romero, directora de la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, al considerar que este patrón de conducta obedece a una serie de factores que pueden ayudar a explicar este fenómeno.
El psicólogo explica que el primero de estos factores es el de la subcultura, en donde el individuo se desenvuelve en un ambiente donde se da la mayor tasa de homicidios y de actos violentos. Esto conlleva a un estudio analítico para determinar cómo piensan estos jóvenes, cuáles son las actitudes y las normas que rigen ese entorno social, en el que están viviendo.
La mayoría de los jóvenes que ha participado en reyertas, tiende a tener una subcultura en donde se aprueba y se refuerza el comportamiento agresivo. De manera tal, que se generan modelos dentro de estos sub-grupos que vanaglorian y resaltan la destrucción, la venganza y el odio, como valores y emociones que son reconocidas como algo digno y que aumenta la "idea de heroicidad mal entendida" que tienen estos jóvenes.
El factor principal descansa en los patrones de crianza. Hay estudios de conductas de menores infractores, que indican que los adolescentes que participan en ese tipo de homicidios o riñas, generalmente provienen de familias y de medios sociales en donde ha habido modelos de crianza basados en el castigo físico, el maltrato de tipo verbal de parte de autoridades familiares o educativas.
En este sentido, debido a la situación de poco reforzamiento y reconocimiento a la conducta de tolerancia, de solidaridad y de control de la ira, en donde muy pocas veces son reconocidas estas conductas. El sistema incentiva y premia las conductas agresivas, modelándolas y utilizándolas como modelo de crianzas.
Dos ejemplos ilustran tal situación. El psicólogo Betancourt afirma que "cuando conversamos con jóvenes que han participado en este tipo de actividad delictiva, encontramos que la mayoría ha sido criado con un padrastro o tenido una madre que ha sobrellevado varias relaciones con diferentes hombre, truncándole la oportunidad de identificarse con alguno de ellos; o la misma madre, debido a la cantidad de hijos que ha tenido y la responsabilidad económica que debe enfrentar, ha desarrollado una negligencia o un abandono de estos jóvenes".
En tanto, la profesora Romero comenta que el joven homicida que pertenecía al plantel, más que una sanción, debe ser sometido a un trabajo de orientación a nivel personal, ya que este estudiante afronta problemas familiares que han podido traumar su formación propia.
No hay que dejar de lado que muchos jóvenes en la actualidad están inmersos en una corriente en la que los actos satánicos forman parte de sus vidas. No obstante, es importante recalcar que esto no debe ser generalizado, ya que encontramos hogares completos, formados por los padres biológicos, en donde los hijos han tenido valores y modelos de crianza adecuados; sin embargo, dentro sus conductas de adolescentes, salen a cometer este tipo de actividades delictivas, no porque se lo enseñaron, sino porque se identifican con los mal llamados "líderes" y entran en un comportamiento totalmente opuesto a los que la familia ha inculcado, provocando situaciones que son controladas por el medio ambiente.
Si la situación no obedece a los factores antes mencionados, cada estudiante que cometa un acto de agresión debe ser sometido a un examen psicológico, para determinar sus características particulares y su historial, y así descubrir que los obliga a actuar de tal manera.
Betancourt explica que pueden haber razones genéticas, biológicas y aprendidas; éstas últimas predominan, ya que han aprendido a incorporar como parte de su repertorio de resolución de problemas la agresión, encerrada en los gritos, las patadas, el uso de la fuerza, etc. Agrega, "uno de los trastornos que está muy asociado a esto es el trastorno negativista - desafiante, donde el muchacho desde temprano desafía a las autoridades, llevándolo a una conducta delictiva".
Una de las armas a tomar ante tan preocupante situación, es declarar el problema de violencia estudiantil y la existente entre la población adolescente, como un problema de salud pública, en donde las autoridades deben intervenir para llevarlo a un nivel de medidas legislativas que supere la punición.
El experto resume esta problemática como la carencia de metas existenciales que justifiquen la misión de los estudiantes.
Lamentablemente, millones de jóvenes han caído bajo su perversa influencia. Los adolescentes de hoy crecen en un mundo saturado de símbolos e insinuaciones satánicas: ciertos géneros de música, algunos juegos, emblemas ocultistas y accesorios diabólicos.
Algunos padres cometen el error de suponer que es algo inofensivo; que llegará el momento en que sus hijos, al crecer, dejarán atrás todo eso. La búsqueda de notoriedad de la personalidad en formación de los adolescentes se materializará según los principios que estos tengan. El enfoque actual de la relación entre padres e hijos está permitiendo que en algunos grupos de adolescentes se creen esquemas de valores y concepciones propias que pueden ser totalmente opuestos a los comúnmente aceptados por toda la sociedad. Panamá no ha escapado a tan palpable realidad, teniendo una población adolescente considerable que cree erróneamente, que estas prácticas ayudan a sentirse elegido e importante.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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