Es adicta. Y lo dice sin tapujos. Con esa irreverencia de muchos de los personajes que le ha tocado interpretar. Con la vehemencia que la caracteriza. Con desfachatez.
SÃ, Mónica Miguel es adicta. Es adicta a los libros. Es adicta al teatro. Le apasiona de tal forma que cuando la ves actuar te olvidas quien es ella para conectarte con el personaje. Sucedió en âAtrapadasâ, en âEl Conde (nado) Dráculaâ y, estamos seguros, sucederá en âEstábamos destinadas a ser ángelesâ, que se presentará del 18 al 27 de octubre en el Estudio 2 del Teatro La Quadra, donde compartirá escenario con Enithzabel Castrellón, Elisa Fernández y Mónica Cruz.

Esta es la producción número 15 o 16 donde actúa esta actriz nacida en Argentina, desde que se inició en 2007 en el teatro.
Según explica, es una obra muy divertida. Pero, asà mismo como está llena de momentos hilarantes, te hace pensar, reflexionar sobre la vida, acerca del valor que hay que tener para seguir viviendo y cargando, cada uno, sus cruces y/o acompañando a otros a cargarlas de ellos.

âComo actriz te hace plantearte muchas cosas. Me ha planteado retos, para poder presentarla de una forma balanceada, sin caer ni en la tragedia ni en el drama. Pienso que a través de la vida se hace referencia acerca de dónde sacas el valor necesario para superar tragedias y el tedio vitalâ.
En este montaje de Emes Producciones, bajo la dirección de Arturo Wong Sagel, ella interpretará a Gabriela, âuna mujer que se traga mucho las cosasâ y viste su mejor cara, como Mónica, quien tampoco permite que nadie, jamás, sepa realmente qué está pasando en su vida, mente y corazón.
Cargada de mucho humor negro y sarcasmo, asÃ, como las comedias donde suele actuar, en grandes dosis, es su vida.
Es parte de las máscaras que, como todo ser humano, en mayor o menor grado, utiliza, para reÃrse de la vida y para no mostrar su vulnerabilidad o su âTalón de Aquilesâ.
Ser y no ser ella. Gran dilema. Un juego. Un reto. Un escudo protector.
Con concesiones, puedes llegar a conocerla. Hasta donde marque sus fronteras. Sea que decida o no salirse de la zona cómoda.
Su esposo, Fernando, tan adicto como ella a la lectura (lectores compulsivos es otra forma de llamarlos) es uno de los que más la conoce. Bueno solo ella, dueña de sÃ, sabe qué tanto.
âLa gente se piensa que me conoce mi forma de ser y quizás...â
Quizás acierte o se equivoque, porque según afirma, está convencida de que âsomos personajes que tenemos muchas caras. Sé que no soy una persona fácil...la gente piensa que me conoceâ, repite, con su risita indescifrable.
A Mónica le encantan los personajes complicados.
¿Comedia, drama o tragedia? Eso es lo de menos. Un requisito âSine que nonâ es ese, complejidad: âno me gustan las cosas simples, parejas, planas. Tienen que tener algo de trasfondo, permitirme buscar más allá d e lo que hayâ.
¿Que como se describe? Por unos segundos se queda como mirando a lo lejos, con el codo apoyado en la mesa y sosteniendo su quijada con la mano y como hurgando en su diccionario mental, para seleccionar las palabras adecuadas y haciendo un mohÃn.
Entonces, asÃ, de zopetón, lanza su respuesta: âPienso que la mejor frase para mà es: âNo sigo órdenes. No me gusta seguir órdenesââ.