E n tres actos, la trágica historia de Rigoletto se presentó en Panamá la noche de este jueves 21 como parte de la gira internacional de un grupo de unos 80 artistas que dan vida a estos personajes.
El público estaba en el lugar desde temprano. Y cuando el reloj marcaba las ocho de la noche, un cordón humano le daba la vuelta al legendario escenario.
En los camerinos a esa hora, los artistas compartían impresiones de su estadía en Panamá, para muchos era la primera vez que lo hacían.
En la sala iluminada, se dejaban atrapar las notas musicales de la orquesta que dirigía Electra Castillo, quien estaba a cargo de elementos importantes como lo son: coordinación de la orquesta, dirección de coro y asistente de la dirección musical.
Los asistentes cuando ingresaban al lugar, hablaban de la trama, como si fuese un tema común de conversación, y hasta se compadecían del pobre bufón que tendría que pagar sus culpas y pecados con su propia sangre, o mejor dicho, con la de su querida hija, Gilda.
La estrella de la noche fue, por los aplausos del final de la función, el dramático Rigoletto, interpretado otra vez por Mauro Agustini.
Este barítono es una comedia por sí solo. Y cuando da vida al personaje lo ejemplifica como si fuese el verdadero bufón que tiene que agradar al duque, pero que no se siente feliz con este modo de vida, quizás por eso, por medio de la burla, se divierte hasta extremos que le causan daño a los demás, he aquí cuando viene la maldición.
Rigoletto con Gilda en brazos termina la obra. Ella canta sus últimas palabras. Los dos se convierten en parte del escenario, ante un público que llega a sentir lástima por él.