Variedades

Volver a los cuentos


Dicen que los muchachos y muchachas de hoy no son como las de antaño, pero por qué será que sólo se refieren a la juventud, por qué no hablan de los adultos, de los mayores, e inclusive de los abuelos de hoy tampoco ellos son como los de antaño.
Quizá los problemas que afrontamos hoy, en cuanto a la conducta de la humanidad, se deban a que cada día somos menos humanos, cada día somos más máquinas, que reaccionamos por estímulos audiovisuales y no por el razocinio que inspiraba en nosotros la sabiduría adquirida a través de los libros y a través de los conocimientos que nos transmitían nuestros mayores.
Dentro de esos conocimientos, una gama de normas morales era adquirida mediante los cuentos que nuestros abuelos nos relataban. Relatos que como corolario dejaban una moraleja, que quedaba guardada en la memoria del niño.
Los cuentos, en su esencia, también han cambiado. Los cuentos tradicionales, cuyos finales eran tristes y realistas, tienen ahora los llamados finales felices, que a mi concepto en nada contribuyen a la edificación y formulación del carácter del niño.
Si bien es cierto, muchos cuentos tradicionales terminaban con la consabida frase "Y todos vivieron felices". Por el contrario si el cuento tenía un final no tan agraciado, la moraleja del mismo llevaba a pensar en el por qué de tal final.
Como ejemplo podemos mencionar el famoso cuento de Carlos Perrault "La Caperucita Roja, que de acuerdo a la traducción de María Teresa Vernet, publicada por Editorial Iberia, S.A., en 1952, el nombre del cuento es "La Caperucita Encarnada".
Para este comentario, lo importante no es el título, sino cómo termina el cuento. Esa versión señala que "el Lobo maldito se arrojó sobre Caperucita encarnada y se la comió". En la actualidad cuando leemos las versiones del mismo, encontramos que al final del relato, la Caperucita roja y su abuelita son salvadas por unos cazadores que le dan muerte al Lobo Feroz.
Muchos opinan que esto debe ser así, para no dejar una imagen de tragedia y tristeza en los niños que escuchan o leen el cuento. Conceptuamos que tal posición no prevé lo que deja en el subconsciente del niño un hecho relatado de tal forma: La Caperucita no hizo caso a los consejos de su madre y por ello cayó en las garras del lobo, pero fue salvada por unos cazadores.
Tal situación deja en los niños el sabor a que se puede desobedecer a los padres, pues al final la providencia les librará de los males en puedan caer por tal desobediencia.
El cuento no es el que te humaniza, es sólo el vínculo, el que estrecha los lazos entre quien lo cuenta y quien lo escucha. En el sentimiento, la oportunidad del comentario, en el diálogo, y en el momento de compartir la moraleja, es ahí donde está lo humano.
En nuestros centros escolares debería implementarse "LA HORA DEL CUENTO". El Ministerio de Educación y todos los interesados debemos promover que se tome por lo menos una hora semanal para que los estudiantes, docentes y personal administrativo la dediquen a la lectura de un cuento, tanto de autores nacionales como extranjeros. De esa forma lograremos que futuras generaciones se acerquen más los unos a los otros a través de la lectura.
Debemos recordar que un niño que lee será un adulto que piensa, y un niño que lee cuentos será además un adulto sensible. Si deseamos una generación mejor tenemos que volver a los cuentos.


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8402
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América