A los 74 años y con un ritmo de una película cada 12 meses, el cineasta norteamericano Woody Allen afirmó aquí que la búsqueda de la perfección dejó de inquietarle y se conforma con que sus filmes no desmerezcan demasiado. Las obras de arte pueden ser buenas, mediocres u horribles, pero nunca perfectas, aseveró como quien asume sin ambages una conclusión largamente meditada.