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¿Y qué hago con mis 4 papás?

Se recomienda que sólo después de haber tomado la decisión de haber escogido una nueva pareja se lleve a la casa.


CUANDO UNA pareja decide formar un hogar y tener hijos, puede suceder que con el tiempo cada uno se vaya por su lado y decida rehacer su vida con otra persona.
En esas familias combinadas, se asumen a los hijos de la pareja..es decir, alguien se convierte en padrastro o madrastra.
La imagen de los padrastros y, sobre todo, de las madrastras, suele estar unida a connotaciones negativas y, a menudo, estereotipadas. (Como el clásico cuento de la Cenicienta).
Con frecuencia los menores les ven como usurpadores del puesto que ocupan su padre o madre biológicos y relacionan a esta nueva figura con una fuente de problemas y competencia.
Son muchos los pequeños que se niegan a quererlos porque sienten que al mostrarles afecto traicionan a sus progenitores.
La aceptación se complica aún más cuando la llegada de esa figura se produce tras la muerte del padre o de la madre.
Según la psicóloga Xochilt McKay, cuando una pareja se separa, se produce lo que se llama un duelo. Sobre todo en los hijos
as por la pérdida que se ocasiona.
Una vez recuperado del duelo y si la pareja después de un tiempo decide formar una nueva familia, debe estar segura de que sus hijos/as han sanado.
Para los hijos/as la separación de los padres suele ser una experiencia dolorosa que puede llegar a generar obstáculos para el establecimiento de relaciones estrechas más adelante en sus vidas.
Para mejorar esta situación, el padre o la madre que inicie una nueva relación debe esperar que pase el duelo, que sanen las heridas y haber brindado una terapia adecuada a sus hijas/os, velando por el óptimo estado emocional de ellos.
Luego debe introducir sin imposiciones la nueva relación.
Al hacer esto, la persona adulta debe estar muy segura de lo que quiere y de conocer a la persona.
Se recomienda que sólo después de haber tomado la decisión de haber escogido una nueva pareja, se lleve a la casa.
No se debe presentar a los hijos/as una serie de amigos/as como los nuevos amigos o las nuevas amigas, porque esto creará más confusión en los hijos/as.
Según la especialista, nunca se le debe exigir a los hijos/as que lo llamen papá o mamá.
El lugar o el puesto de sus padres o madres biológicos no puede ser sustituído por más nadie.
Solamente si el hijo/a solicita o le nace llamarlo así, se le puede permitir, ya que no sería una imposición, sino que ha nacido de parte de él o ella.
El papel del padrastro y de la madrastra debe ser consultado, y analizado con la pareja.
Se espera que lo ideal es que sean padres democráticos ya que es el modelo familiar ideal.
Lamentablemente en nuestra culura patriarcal el papel de padre autocrático es reforzado por la propia sociedad, causando un gran daño en toda la familia en especial en los niños/as.
Cómo vestir, andar, como hablar, va a depender de la costumbre de la familia de los hijos/as del hogar al que llega.
La persona nueva que se incorpora a la familia debe adaptarse a su familia y no cambiar súbitamente los patrones culturales y hábitos de la familia.
Como todo proceso de adaptación poco a poco se puede introducir los cambios, siempre y cuando no sean traumáticos ni abruptos para los hijos/as.
Según McKay, no existe una fórmula mágica para ser un súper padrastro o madrastra, la dinámica familiar, el establecimiento de una familia democrática, donde se respeten los derechos de todos/as, va a facilitar las cosas.
Un error muy común de los padrastros y madrastras es tratar de no meterse en la crianza de los hijos de su pareja con el temor a ser rechazados o recriminados por ellos.
Se ha comprobado que las familias muy permisivas, donde no se establecen las normas, pautas disciplinarias y valores van a crear hijos/as con sentimientos de inseguridad y al llegar a la adolescencia se reafirmará esta rebeldía en lo que Erikson llama confusión de identidad de los adolescentes.
  • La comunicación de la pareja debe ser todavía más fluída. Deben hablar mucho sobre la manera de crianza, pautas disciplinarias y sobre todo tener momentos para hablar con sus nuevos hijos e hijas. Al entrar en una familia los hijos/as nos van a llegar a conocer y aceptar automáticamente, pero hay que recordar que se ha llegado como una segunda imagen, ya sea materna y paterna, y esto traerá muchos interrogantes en los infantes y adolescentes.


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280859
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América