PARA el señor Carlos Díaz el oficio de reparar zapatos fue el centro de su vida durante muchas décadas, tanto así que no fue sino hasta sus ochenta y siete años que se retiró del oficio.
Díaz inició en un taller "improvisado" cerca de un árbol, en el corregimiento de San Francisco, y dentro de las tareas estaban las de reparar y confeccionar zapatos a la medida.
"La elegancia del hombre y la mujer se le ve en el zapato" era la consiga del señor Díaz, quien en ocasiones era acompañado por sus dos hijos pequeños.
Empero, con el transcurrir de los años, el trabajo del señor Díaz se fue decreciendo, por factores externos, como la baja en el precio del calzado y el alza del costo de los materiales para la reparación.
En la Vía Fernández de Córdoba, a una cuadra del cruce de la Avenida 12 de Octubre está el Taller y Confecciones Barrios, fundado hace 25 años por Euclides Barrios.
Quisquella Barrios, maneja el negocio que inició su padre, fallecido ya. En el lugar laboran nueve personas. Ella comparte que él siempre decía en la casa que quería tener un negocio propio. Esta idea no se materializó sino hasta que él cumplió 20 años de trabajo en una fábrica de zapatos, y decidió independizarse y abrir su propio local.
La experiencia y el conocimiento del oficio, según Quisquella, ayudó a su padre a prosperar en la tarea de reparar y confeccionar calzados a la medida. Durante esos años que dejó de ser asalariado para probar suerte como micro empresario, todos los integrantes de la familia, la esposa y los cinco hijos adoptaron funciones en el proceso de la reparación, es decir, la pintura, la costura, la atención al cliente, y demás.
"Cuando uno es dueño tiene que hacer de todo", agrega Quisquella, quien se mueve con agilidad en los pasillos del local que huele a pegamento cola. Ella recuerda que empezó a involucrarse de manera más seria en el negocio cuando tenía 19 años, al igual que a sus hermanos hacia distintas tareas en la zapatería. Agrega que en Panamá este es un oficio que se aprende de una generación a otra porque hay pocos sitios para aprender a remendar zapatos.
"Las personas prefieren comprar un par nuevo que mandarlos a reparar", agrega José Barrios, hermano de Quisquella, mientras se toma una gaseosa en la tienda que está al lado de su local.
También la materia prima para la reparación, que traían de Guatemala, ha subido de precio, pero considera que siempre hay clientes que prefieren mandar a reparar el calzado, y también hay trabajos que necesitan de sus servicios, como lo es la reposición de chapas o tapitas de los calzados femeninos.
Ahora hay un aumento en la fabricación de botas para la construcción. José es consciente de ello y está dispuesto a irse por ese camino para darle un empujón al negocio. "Mudaremos la fábrica para un local más espacioso, luego buscaremos la forma de llevar el producto a los consumidores, podría ser abriendo puntos de venta para nuestros productos".
María Pitty es una madre de familia que desde el año 1977 trabaja en la fabricación de los calzados. En el taller de los Barrios ella ocupa una silla casi en el centro, junto a otra señora que también hace el mismo trabajo. Frente a ella tiene una máquina industrial de coser zapatos que se asemeja mucho a una máquina de coser ropa. Mueve los dedos y los trozos del cuero que está uniendo al tiempo que conversa.
Esto lo aprendió cuando hace décadas entró a trabajar en otra fábrica de zapatos.
Según la señora Quisquella, es durante el inicio del año escolar cuando más personas llevan calzados a reparar o traen los pares nuevos para reforzarlos con una costura adicional.
En su negocio, el grueso de sus clientes son mujeres, y ella atribuye este hecho a que éstas utilizan más pares de zapatos durante la semana que los hombres.
Sobre los costos, ella dice que una costura puede costar desde los dos balboas, pero que dependerá del tipo de suelas y de la goma, también si es un calzado de hombre o de mujer.
Aunque en la guía telefónica se anuncian solamente una veintena de estos negocios, que en algunos casos comparten espacios con talleres de sastrería, existen también de forma informal en las aceras de Calidonia y otros puntos de la ciudad.
"Yo siempre llevo mis zapatos a reparar en Calidonia", señala Rosa Mojica, de unos cincuenta años, quien apoya su decisión en que, le es más barato pagar un dólar por una costura que 20 (balboas) por un par nuevos.
Mojica no busca ningún local en especial, simplemente, que esté en esa zona.
Uno de los componetes que tienen estos trabajos es que son realizados de forma artesanal, dejando claro que se requiere de vocación de servicio, más que de grandes instalaciones. El señor Díaz, lo realizó, en principio, debajo de la sombra de un árbol.
El calzado más antiguo que se conoce son un par sandalias fabricadas con paja trenzada, en Egipto.
Los primeros zapatos vistos en la Europa moderna fueron utilizados en las cortes francesas entre los siglos XIII y XIV, eran tan pesados que originaban fuertes dolores en los tobillos.
Las primeras plantillas utilizadas para proteger los pies comenzaron siendo de corcho. El tacón apareció a finales del siglo XVI y finales del XVII.
La primera bota de dama fue diseñada para la Reina Victoria en 1840.
La Revolución Industrial trae consigo la numeración del calzado.