Treinta años después de la visita de una misión de la CIDH a Argentina en plena dictadura, el canciller Jorge Taiana, entonces preso político, sostiene que ésta contribuyó a marcar un punto de inflexión en el régimen militar y fue decisiva para destapar las violaciones de los derechos humanos en el país.
Taiana estuvo encarcelado entre 1975 y finales de 1982, durante la dictadura militar (1976-1983), por su militancia en la agrupación peronista "Descamisados", en una zona obrera del cinturón de Buenos Aires.
La primera visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) encontró al actual canciller -hijo del doctor Jorge Taiana, médico del general Juan Domingo Perón y de una activista de Derechos Humanos- en el penal de la ciudad de Rawson, en el sur del país.
Como delegado de los detenidos políticos, Taiana fue uno de los presos entrevistados por la CIDH, en septiembre de 1979, recordó hoy el ministro en una entrevista telefónica con Efe realizada durante una escala en París tras una visita a China.
"Teníamos claro que era el fin del cerrojo informativo que había impuesto la dictadura y sabíamos que era un triunfo de todos lo que habían trabajado para denunciar una cosa que era un verdadero caso de terrorismo de Estado", afirmó.
"La sensación que tuvimos es que fue decisiva esa presencia para hacer conocer lo que pasaba y a partir de ahí nada fue igual y cumplió un rol muy importante", insistió.
Su entrevista con la CIDH se desarrolló en el patio del penal de Rawson a petición de la Comisión "para que hubiera condiciones de privacidad".
"Desde el punto de vista personal, haber podido contar lo que pasó fue como una cierta liberación en un momento en que no se sabía si uno iba a poder sobrevivir", recordó.
"Por aquel entonces nuestro objetivo era salvar vidas y dejar constancia de lo que estaba pasando", relató el canciller, quien guarda en su memoria algunas anécdotas de aquella entrevista.
"Yo hablaba a borbotones, porque tenía mucho para decir y había poco tiempo, y había un hombre con una especie de radio y yo pensaba que no me prestaba atención, pero no era una radio sino un grabador, yo llevaba años encerrado y no había visto un pequeño grabador", relató.
Pero, por encima de cualquier anécdota, el canciller recuerda "esa sensación de satisfacción de poder transmitir esos testimonios en nombre de tantos que no podían hacerlo y de hablar de la dignidad" de los que estaban presos.
"Habíamos mantenido nuestra integridad, nuestra firmeza, porque las dictaduras siempre quieren doblegar la voluntad y siempre uno puede defender la dignidad, eso nadie te lo puede tocar", dijo.
Como resultado de su visita, la Comisión emitió un informe, en abril de 1980, en el que documentaba 5.580 casos de violaciones basados en testimonios de familiares de víctimas y desaparecidos y de entrevistas con presos políticos.
Para Taiana, 1979 fue un año que marcó "un punto de inflexión" en la dictadura, no sólo por la visita de la CIDH, sino porque "de alguna manera ahí se estancó" el régimen, "comenzó a haber mayor debate, mayor denuncia y las organizaciones de derechos humanos aumentaron su nivel de organización".
La misión "fue una contribución muy importante, no la única, pero ayudó muy decisivamente a poner el caso argentino como un caso de flagrante violación de derechos humanos".
Además, puso sobre la mesa el tema de los Derechos Humanos en el Hemisferio y su informe sobre Argentina, "por su seriedad y su documentación, (y porque) probó claramente lo que estaba pasando", afirmó.
Por eso, sostuvo, el homenaje que comenzará mañana en Buenos Aires y se extenderá hasta el viernes, con la presencia de miembros de la actual Comisión y algunos de los participantes en la misión de 1979, "demuestra la importancia de la Comisión y la necesidad de cuidarla, preservarla y mantenerla fuerte".
"Los gobiernos tenemos que proteger una institución como la Comisión, creo que es muy importante para la preservación de las libertades fundamentales", agregó.
Entre 1996 y 2002 Jorge Taiana fue secretario ejecutivo de la CIDH en Washington, donde, explicó a Efe, encontró su informe, el de su padre y la denuncia que había presentado su madre por su detención durante la visita de la Comisión.
"Fue como devolver algo de lo que yo como preso político había recibido de la Comisión", concluyó.