El "zar" antiterrorista nombrado por el presidente George W. Bush tomó posesión de sus funciones ayer, al tiempo que las fuerzas de policía de todo el país fueron puestas en alerta máxima, ante la posibilidad de nuevos atentados en respuesta a los bombardeos lanzados por Washington y Gran Bretaña contra los talibán.
Tom Ridge, de 56 años, prestó juramento en la Casa Blanca, en medio del clima de tensión reinante en Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre, que se hizo aún más evidente desde el inicio de los bombardeos sobre Afganistán el domingo. "Yo se que muchos estadounidenses sienten miedo", declaró ayer el presidente Bush.
Bush invitó a Clarence Thomas, nombrado por su padre y el único negro de los nueve magistrados de la Corte Suprema, para tomar el juramento a Ridge en una ceremonia transmitida por televisión.
Tan pronto prestó juramento, Ridge aseguró a los estadounidenses que evitará socavar las libertades civiles en nombre de la seguridad. "Los terroristas no nos privarán de nuestro modo de vida", afirmó.
Ridge, quien renunció a la gobernación de Pennsylvania para aceptar este cargo, toma la dirección de un despacho de nivel ministerial creado tras los ataques del 11 de septiembre, y estará encargado de coordinar y supervisar todas las operaciones relacionadas con la seguridad interior.
Veterano de Vietnam, con el físico de un jugador de fútbol americano, Ridge dirigirá un equipo de sólo un centenar de personas pero tendrá autoridad sobre unas cuarenta agencias federales, incluyendo el FBI, y su objetivo será tratar de prevenir nuevos atentados.
Entre sus numerosas tareas, dominará sin duda aquella de restablecer la confianza de los estadounidenses, impactados por la amenaza proferida el domingo por Osama bin Laden de que "no van a conocer la seguridad, mientras los palestinos no la tengamos " y los temores son muchos: explosiones, nuevos secuestros de aviones, o ataques químicos, bacteriológicos, e incluso nucleares.
Desde el domingo, la policía federal (FBI) decretó alerta máxima en todo el país, por un período indeterminado.
Las autoridades federales, que han mantenido en secreto sus dispositivos, ordenaron "a todas las fuerzas de policía, mantener el más alto grado de vigilancia, y estar prestos a responder, si hace falta, a todo acto de terrorismo o de violencia". En un comunicado, el FBI advirtió, sin precisiones, contra "la posibilidad de una nueva operación terrorista en cualquier parte del mundo".