Expertos de América Latina y África, dos de las regiones del mundo con el mayor número de armas en manos de la población civil, instaron hoy a adoptar las campañas de desarme como políticas públicas, a fin de ponerle freno a la violencia.
En un seminario sobre desarme celebrado en Brasilia, el secretario brasileño de Seguridad Pública, Ricardo Balestreri, señaló que el problema trasciende los ámbitos locales "porque las armas no respetan fronteras", y apuntó que es necesaria una "estrecha colaboración en el contexto internacional".
Balestreri citó un informe publicado esta semana por el Instituto de Altos Internacionales de Ginebra (HEID), que afirma que en manos de la población brasileña hay 17,6 millones de armas ligeras, de las cuales un 57% son ilegales.
Antonio Rangel, coordinador del programa de desarme en Río de Janeiro, ciudad con elevados índices de violencia, afirmó que la posesión de armas por parte de los civiles no garantiza seguridad, sino que "por el contrario causa accidentes y crímenes".
Según Rangel, por eso mismo es necesario desarrollar programas específicos para retirar las armas en manos de civiles, "reducir el número de muertes y aumentar la confianza del ciudadano en la fuerza pública".
Señaló el ejemplo de Angola, que después de más de 40 años de conflictos armados está promoviendo una cultura de paz entre una población que "se armaba para defenderse" en medio de la guerra.
El coordinador de la comisión técnica de desarme en Angola, Paulo de Almeida, afirmó que durante el inicio del proceso, en 2008, fueron recogidas unas 90.000 armas.
Indicó además que la segunda fase comenzará a partir de 2011 y durará hasta 2013, para "aumentar el sentimiento de seguridad" en un país que alcanzó la paz sólo hace ocho años.
También participó en el seminario el promotor del programa Vida Sagrada en Bogotá, Juan Pablo Hernández, quien trazó un paralelo entre los planes que se desarrollan en Colombia y Mozambique.
Ambos países, según Hernández, tienen como característica común que las armas que la población civil entrega son convertidas en objetos pacíficos, como instrumentos de música u obras de artes, de manera que "la muerte se transforma en vida".
En el caso de Bogotá, los ciudadanos que participan en la iniciativa de desarme reciben un bono para la compra de productos, menos alcohol y tabaco, mientras que en Brasil los ciudadanos entregan las armas a cambio de una suma que va de 100 a 150 dólares, según el tipo de armamento.
Hernández señaló que el próximo desafío de Colombia será extender la experiencia positiva de Bogotá hacia todo el territorio nacional, mientras que, según Balestreri, en el caso de Brasil se apunta a instrumentar una "campaña permanente, que no se limite sólo a ocasiones puntuales".