El segundo mandato de Óscar Arias, que concluye este sábado, será recordado por fuertes y polémicas decisiones en materia comercial y de política exterior que marcan la senda que seguirá Costa Rica en los próximos años.
Una incursión más profunda en los mercados asiáticos, incluidos los árabes; una marcada apertura comercial y la ruptura de los grandes monopolios estatales en el país son el camino sobre el cual Arias, del socialdemócrata Partido Liberación Nacional (PLN), puso a Costa Rica en los últimos cuatro años, no sin recibir duras críticas en el proceso.
Arias también dio un giro radical a la política exterior y comercial costarricense con medidas como el establecimiento de relaciones diplomáticas con China y el traslado de la embajada costarricense de Jerusalén a Tel-Aviv.
El gobernante y Premio Nobel de la Paz 1987 ha insistido en que "el siglo XXI será el siglo de Asia", por lo que no escatimó esfuerzos en acercar a su país a este continente, logrando, por ejemplo, la firma de tratados de libre comercio (TLC) con China y Singapur, a pesar de la oposición de importantes sectores como los empresarios industriales.
En los últimos cuatro años Costa Rica estableció relaciones diplomáticas con más de 20 países, la mayoría árabes e, incluso, se acordó la apertura de embajadas en Qatar e India.
El tema comercial ocupó buena parte de la agenda del Gobierno saliente, pues el primer gran obstáculo que Arias debió sortear fue la aprobación del TLC con Estados Unidos, que incluía las aperturas de los monopolios públicos más tradicionales de Costa Rica: telecomunicaciones y seguros.
Además, el Ejecutivo impulsó fuertemente la negociación del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.
Arias, quien gobernó Costa Rica por primera vez entre 1986 y 1990, asegura que concluye su segundo mandato "satisfecho" por el trabajo realizado. Sin embargo, en el ámbito interno es objeto de fuertes críticas por no llegar a cumplir muchas de sus promesas de campaña, especialmente en el campo social y ambiental.
Un reporte especial de un semanario local reveló días atrás que el Gobierno solo logró cumplir un 46% de sus compromisos de campaña, dejó avanzadas un 32% de sus propuestas y no logró concretar el 22% de sus metas.
Esta Administración logró reducir la pobreza de 20,2% en el 2006 a 18,5% el año pasado, así como bajar la deserción escolar (de 13,2% en 2006 a 10,9% en 2009), pero no alcanzó la meta de crecimiento de exportaciones que se había propuesto, de 18.000 millones de dólares para el año anterior, que cerró, por efecto de la crisis mundial, en 8.710 millones, un 9% menos que en el 2008.
Tampoco pudo sacar adelante una reforma fiscal que figuraba entre las prioridades del mandatario al inicio de su gestión.
Para la diputada del opositor Partido Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda) Jeannette Ruiz a lo largo de este Gobierno "no hubo una disminución de la problemática social, y la aplicación de su idea (la de Arias) de comercio internacional ha afectado a las clases más desposeídas".
"No hubo ningún impulso al sector productivo ni ninguna mejora en cuanto a la seguridad ciudadana", dijo, y recordó que la inseguridad es, según a las encuestas de opinión, el principal problema del país.
Un criterio similar tiene el diputado José María Villalta, del Frente Amplio (izquierda), para quien la política ambiental de la Administración Arias "fue un desastre", cuyo punto máximo se alcanzó con el apoyo del mandatario a un proyecto de minería de oro a cielo abierto "mientras pregona por el mundo la paz con la naturaleza".
Walter Céspedes, diputado de la Unidad Social Cristiana, señaló que buena parte de las obras que Arias considera sus logros se financiaron con deuda externa y que éste es un serio problema que el presidente le lega a Laura Chinchilla (del PLN), quien recibe un déficit fiscal que pasó de 1,07% en el 2006 a casi 5% para este año.
Chinchilla será investida presidenta el próximo sábado para gobernar a Costa Rica por un periodo de cuatro años.