ASESINATO**Desde la muerte a tiros del abogado Roque Pérez hace cinco años, no vivíamos los panameños momentos de tanto asombro. Con el ajusticiamiento ayer de un ciudadano con antecedentes por narcotráfico, en plena vía España, volvemos a entrar en el mapa de los países donde el sicariato es problema común, y espectáculo diario.
JUVENTUD**Lo que más alarma es que sean jóvenes, casi niños, a quienes se les mancharon las manos de sangre con esta vendetta. Es urgente que, como sociedad, asumamos el compromiso de alejar a nuestros muchachos de la violencia y la ambición por el dinero fácil. Quitar una vida, a cambio de unos cuantos dólares, es señal de que llegamos al final de un camino sin retorno: el del caos y la desintegración social.
COMPROMISO**Este no es un problema ni de políticos ni de burócratas. Tampoco es tarea exclusiva de la escuela ni la religión. Salvar a las generaciones actuales y venideras es una urgente obligación de todo aquel que recibe cobijo en este suelo. Si no nos empeñamos, y rápido, en sembrar la semilla de una nueva nación, pronto llegará la sangre al umbral de nuestras casas y, entonces, ya será demasiado tarde.