“Imagine que yo he tenido un problema con usted en el pasado. Ahora vengo con una pistola, le mato y nadie me va a hacer nada. Esta es la situación que vivimos en Basora”, resumía ayer Aya, madre de familia que al igual que muchos cientos de vecinos ve cómo la ciudad se ha convertido en dos días en el reino de ladrones y criminales.
Sin policía ni gobierno, parcialmente destrozada por los bombardeos y habitada por personas que necesitan agua y un mínimo bienestar, Basora (sur) es un escenario perfecto para asesinatos, ajustes de cuentas, saqueos y demás delitos.
“Para todos los crímenes que nunca ocurrieron en la ciudad”, resume Hossam, comerciante que no abre su pequeña tienda de comestibles por miedo a los ladrones, pero la vigila con las 24 horas.
Los ciudadanos, atónitos ante el caos reinante, piden al Ejército británico que vele por ellos, que sea su policía, su juez y su gobierno, hasta que la situación se normalice.
En las últimas horas, la séptima brigada blindada del Ejército británico y los Royal Marines han detenido a varios ladrones que intentaban abandonar la ciudad con camiones cargados de comida. Todos los alimentos han sido redistribuidos después a la población en medio de las calles.
Ayer, numerosos ciudadanos de Basora no ocultaban su escepticismo y recelo ante la noticia de que el Ejército británico pidió a un líder tribal que organice la formación de un nuevo gobierno en la ciudad.
Por otro lado, las tropas británicas han ofrecido una amnistía a los iraquíes que les entreguen sus armas en Basora, informó la cadena británica BBC.
Cordesman también evocaba la posibilidad de que los iraquíes hicieran saltar los pozos de petróleo, provocando al mismo tiempo una crisis ecológica de grandes proporciones y una escalada del precio del barril con vastas repercusiones económicas internacionales.