El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Amorim, negó hoy que la política de rearme de su país tenga por objetivo apoyar su ambición de lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
"Hay una extraña y deplorable coincidencia entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y las potencias nucleares. Por eso defendemos su expansión a países pacíficos, que no son militaristas, como es el caso de Brasil", afirmó Amorim en una rueda de prensa con corresponsales extranjeros en Río de Janeiro.
El canciller explicó que Brasil necesita rearmarse puesto que tiene "necesidades" de defensa, justificadas por la gran extensión de su territorio, por contar con un área como la Amazonía que "frecuentemente es fruto de especulaciones fuera del país" y por la riqueza petrolera recientemente descubierta en el Atlántico.
Amorim dijo que Brasil ahora no tiene amenazas externas, pero consideró que la política de defensa se debe preparar con un plazo de cuarenta o cincuenta años.
Consideró que "las circunstancias" podrían cambiar "de forma sorprendente" y previó que la defensa de los enormes yacimientos petroleros del subsuelo del Atlántico brasileño, en el horizonte geológico llamado presal, podría ser "fundamental" en una "disputa" futura.
El ministro reiteró que todavía está abierta la licitación para comprar 36 cazas de combate, en la que compiten la estadounidense Boeing, la sueca Saab y la francesa Dassault Aviation, con la que Brasil anunció la profundización de las negociaciones esta semana, durante la visita del presidente galo, Nicolas Sarkozy a Brasilia.
Amorim explicó que su Gobierno ha optado por avanzar las negociaciones por los Rafale franceses por el precio competitivo, la transferencia de tecnología y la "exclusividad" para que Brasil venda este modelo de avión en el mercado latinoamericano.
"Estamos profundizando las negociaciones con Francia. Si van bien, espero que se cierren", opinó el canciller.
Durante la visita de Sarkozy, los Gobiernos de ambos países firmaron un acuerdo para la construcción conjunta de cinco submarinos, uno de ellos de propulsión nuclear, y de 50 helicópteros.
Según el acuerdo, Francia proveerá la tecnología y los equipamientos y Brasil se encargará de la construcción y ensamblaje de los helicópteros y navíos en sus propias fábricas y astilleros en territorio brasileño.