Buses**Tres días después de que fuera asesinada la niña Ilka Chérigo por un conductor de “diablo rojo”, los funcionarios de la Autoridad del Tránsito y la Policía siguen diciendo lo que nadie cree, que no saben quién fue. ¡Por Dios! No se hagan los tontos ni nos tomen por tales. La ciudadanía está harta del escandaloso contubernio y complicidad que, desde hace tiempo, se traen los zares del transporte del gremio y Gobierno.
Sistema**Es imposible que no lo sepan. Cada bus sale con una orden de zarpe desde su piquera, bajo estricto control de salida y regreso, donde se registra la placa, el conductor y la ruta. No hay modo de que nadie se pierda. Fuera de eso, están los pasajeros y las estaciones que suplen el combustible en el camino, que también son de los dueños o sus socios, pues es un negocio redondo. En cada vuelta, el “palanca” pasa por caja.
Crimen**Se conoce pues la hora, día, sitio del accidente y la ruta del bus responsable y, con eso, se sabe todo. Además, es imposible que a estas alturas ni un solo pasajero o transeúnte del lugar de la tragedia no haya levantado el teléfono para denunciar al desalmado. ¡Ah!..., y que no nos vengan con que fue un accidente, pues quien a sabiendas de que puede matar infringe las reglas y mata, no comete una torpeza, sino un crimen.