CAMINO**La más sólida de las demandas interpuestas hasta ahora contra el Camino Ecológico es la que acaba de presentar el prestigioso jurista Juan David Morgan. Y no es que las demás acciones legales carezcan de mérito, sino que - como está hoy la correlación de fuerzas en la Corte, luego de la malsana intromisión del Ejecutivo - para ganar un juicio así, en el que está en juego el manifiesto interés presidencial, hay que tener mucho más que derecho y justicia.
JUSTICIA**Y eso lo tiene el libelo propuesto por Morgan. Es una de esas demandas que, por más que se quiera y decida negar, no es posible hacerlo, sin pagar antes el caro precio de dejar en grotesca evidencia la sinrazón más absurda. Nuestra jurisprudencia, desde inicios de la República, registra fallos memorables de ese tipo; risible colección de estudiosos y libros de texto, sobre pronunciamientos que nunca debieron darse y que aseguraron, para mal, la posteridad a sus autores.
ARGUMENTO**La sencillez y claridad es la principal aliada de Morgan. En esencia, explica que el Decreto Ejecutivo No. 107, que autoriza la construcción de la cuestionada obra, olvidó la previa consulta ciudadana exigida por el artículo 24 de la Ley de Transparencia, que lo requiere para cada obra susceptible de afectar "intereses difusos", esto es, los derechos colectivos tales como el medioambiente y bienes ecológicos, que es precisamente el caso del citado camino.