Una cena alta en calorías y visitas de familiares llenan, en una celda sin ventanas de una prisión de Virginia, las últimas horas de vida de Teresa Lewis, quien se convertirá hoy en la primera mujer ejecutada en Estados Unidos desde 2005.
Lewis, que recibirá a las 9 de esta noche (01.00 GMT del jueves) una inyección letal en el centro correccional de Greenville, en el estado de Virginia (EE.UU.), probará su última cena en una celda vigilada únicamente por mujeres, tras pasar su último día con sus abogados y con algunos familiares.
Dos pechugas de pollo frito, guisantes con mantequilla, soda "Dr. Pepper" y tarta de chocolate alemana, o, en su defecto, pastel de manzana fue el menú solicitado por la reclusa, informaron funcionarios de la prisión.
La mujer de 41 años, condenada por haber ordenado en 2002 los asesinatos de su marido y su hijastro, Julian y Charles Lewis, será sometida a la pena capital pese a una intensa campaña que pedía clemencia por su presunta discapacidad mental.
Los abogados de Lewis se quedaron sin recursos el martes, cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos desechó su última apelación para que se le conmutara la sentencia por la de cadena perpetua, después de que el gobernador de Virginia, Robert McDonnell, rechazara también la petición de indulgencia el pasado viernes.
En la mañana, Lewis explicó a la estación de televisión local WTVR que se encontraba reconfortada por su fe y por el canto de himnos religiosos.
"Tengo la esperanza de que algo cambiará. Pero si he de ir junto a Jesús, sé que será lo mejor", declaró la mujer.
Según sus defensores, Lewis lamenta profundamente sus crímenes y se convirtió en los últimos años en consejera para otras mujeres en la prisión de Fluvanna, en la que estuvo recluida hasta el sábado.
Sus abogados mantuvieron hasta el último momento que el coeficiente intelectual de Lewis, de 72, rozaba el límite legal del retraso mental, lo que le impedía estar detrás de los crímenes y la convertía en víctima de la manipulación de uno de los dos hombres que llevaron a cabo los asesinatos.
La campaña que impulsaron para lograr un indulto hizo llegar a la oficina de McDonnell casi 4.000 peticiones de clemencia en los últimos meses, entre ellas las de grupos de salud mental, representantes de la Unión Europea y el escritor John Grisham.
Lewis será la duodécima mujer ejecutada en Estados Unidos desde que se restauró la pena capital, en 1976, y la primera en el país desde que el estado de Texas aplicó la inyección letal en 2005 a Frances Newton, condenada por el asesinato de su marido y sus dos hijos.