CONTROVERSIAS**En el lapso de pocos días, el país ha sido sacudido por controversias y graves acusaciones entre altos dignatarios del Organo Judicial; entre funcionarios de gobierno y jerarcas opositores; y entre integrantes de una misma alianza electoral. El nivel e intensidad de los ataques y contraataques barruntan un árido período electoral que podría emular aquella nefasta campaña de 1968 donde la democracia panameña mostró un peligroso instinto suicida.
CATARSIS**Si tanta podredumbre se hace emerger para limpiar el cuerpo social, tal vez valga la pena sufrir las convulsiones y horcajadas del proceso higiénico. Pero si lo que se busca es pasar facturas, avanzar agendas personales demoliendo instituciones y reputaciones, lanzar cortinas de humo para tapar un escándalo con otro escándalo o simplemente hacer como Sansón y buscar no hundirse solos, sería bueno que nuestros dirigentes se vean al espejo de Venezuela, Argentina o Nicaragua.
CAOS**Variadas hipótesis se tejen para explicar el mar de fondo detrás de las recientes actuaciones de los personajes antedichos. Desde estratagemas políticas hasta ajustes de cuentas entre ex socios, pasando por reacciones de pánico ante las causas y probables efectos del discurso de la embajadora Watt. Mientras las instituciones del país parecen disolverse en el caos, el pueblo ya no cree en la inocencia de los acusados, pero tampoco en la de los acusadores. Falta poco para que ya no crea en nadie.