En las últimas dos décadas, el problema del trabajo infantil se ha hecho más notorio en Panamá y el resto de Latinoamérica. Esta situación no es nueva; en otras partes del mundo (los países asiáticos principalmente) los organismos internacionales luchan por sensibilizar a los gobiernos para que erradiquen este fenómeno de una vez por todas.
Panamá, por su parte, busca dar un paso adelante y está trabajando en un anteproyecto de ley que logre rescatar y proteger los derechos de los niños para que éstos realicen el único trabajo que en verdad les corresponde: ser niños.
Es importante delimitar ¿qué se considera "Trabajo Infantil" y por qué es necesario erradicarlo? No todo tipo de actividades que en ocasiones realizan los niños son consideradas o llamadas "Trabajo Infantil". Esto ocurre debido a que en muchos casos los menores de edad emprenden labores, remuneradas o no, y asumen responsabilidades adecuadas a su edad y madurez y que para nada violan sus derechos. Es decir no afectan su salud ni impiden su preparación académica, ni mucho menos les priva de diversiones; más bien los ayuda a desarrollarse mejor.
Se entiende, entonces, por trabajo infantil, las actividades laborales que realicen niños y niñas en cualquiera de las siguientes condiciones: de asalariado, independiente, trabajo familiar no remunerado o si es sólo prestación de servicios, siempre que con estas funciones el menor de edad se vea perjudicado al impedírsele el acceso y permanencia en la educación. Si además el trabajo se realiza en un ambiente peligroso, si trae como consecuencia efectos negativos o futuros, o si la labor que se realiza se da en condiciones que perjudiquen el desarrollo psicológico, físico, moral o social de los niños y niñas.
Según Vielka Bolaños, Coordinadora Nacional del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Panamá, para encontrar las causas por las que un niño trabaje a tan temprana edad, hay que analizar el contexto en que éste vive.
Por ejemplo la situación económica del país, el pensamiento social y la cultura de la población en que vive el niño, la falta de responsabilidad social compartida entre el estado, gremios, empresas, que hagan frente al problema y conduzcan a una solución, y un sistema educativo insuficiente.
Al analizar esto podremos ver que el trabajo infantil se concentra en zonas rurales y áreas marginales de la ciudad. Los niños por lo general son miembros de familias en situaciones precarias, que buscan mil maneras de subsistir, y prefieren que sus hijos trabajen para traer algo, por muy insignificante que sea, al hogar, en vez de permitir que disfruten de su niñez y de educarse y prepararse para un futuro.
"Ubicándonos en el lugar de estas familias, que sin dinero no comen, no se educan, no se visten, no viven, entendemos que ven con tanta urgencia que todos los miembros de la familia aporten algo. Es quizás por la falta de cultura y educación que mencionábamos, que estas personas no ven que están afectando el futuro de sus niños; que están heredándoles su condición de pobreza, pues no permiten que estudien, que busquen la manera de cambiar, " opina Bolaños.
"Existe una pérdida de capital humano preparado, pues mientras estos niños sigan escogiendo trabajar en vez de educarse, más marcada será la pobreza en la región"
Estudios de la OIT-IPEC demuestran que el trabajo infantil perjudica con consecuencias altamente negativas a los propios niños; con trastornos psicológicos, pues debido a su corta edad y a los tipos de trabajos que se les asigna, les exigen madurar mucho más rápido de lo normal, sobretodo en un ambiente poco agradable.
El trabajo infantil puede afectar también la salud de los niños, pues sufren en algunos casos de mala alimentación, quemaduras, infecciones, deformaciones óseas, enfermedades de transmisión sexual, en fin, diferentes tipos de efectos según el trabajo que realicen.
La educación de estos niños, uno de sus derechos fundamentales, también puede verse afectada pues les puede llevar a ausentarse frecuentemente de sus clases, bajar el rendimiento escolar, incluso abandonar por completo los estudios por considerar más importante trabajar.
Otras consecuencias del trabajo infantil, en esta ocasión para la sociedad, también forman parte de estos estudios de la OIT-IPEC. Existe una pérdida de capital humano preparado, pues mientras estos niños sigan escogiendo trabajar en vez de educarse, más marcada será la pobreza en la región (a nivel latinoamericano).
El trabajo infantil también afecta el desarrollo socioeconómico del país, que a su vez se verá afectado por barreras comerciales que impiden el uso de la mano de obra infantil en los procesos de producción. Además, está latente el riesgo que corre el país de ser castigado por las leyes internacionales que protegen los derechos de los niños, y que buscan erradicar el trabajo infantil.
Estadísticas de la OIT estiman que alrededor de 20 millones de niños y niñas trabajan en América Latina, mientras que unos 2 millones y medio lo hacen en Centroamérica y realizan actividades diversas en áreas como la agricultura, pesca, coheterías; en otros sectores como basuras o picado de piedra y, en trabajos informales en las calles y en los supermercados, la forma más común de trabajo infantil que apreciamos en nuestro país.
Según resultados de la encuesta de Trabajo Infantil (ETI), en Panamá, presentada en Mayo de 2004 y elaborada por la OIT- IPEC, en el 2000 hay 47, 976 niños entre 5 y 17 años que trabajan, esto equivale a 6.4% de la población. Sin embargo, debemos resaltar que el porcentaje de menores de edad trabajadores en Panamá es el más bajo de la región de América Central.
Panamá, no es para nada ajena al Trabajo Infantil. Según resultados de la encuesta de Trabajo Infantil (ETI), en Panamá, presentada en Mayo de 2004 y elaborada por la OIT- IPEC, en el 2000 hay 47, 976 niños entre 5 y 17 años que trabajan, esto equivale a 6.4% de la población. Sin embargo, debemos resaltar que el porcentaje de menores de edad trabajadores en Panamá es el más bajo de la región de América Central.
Yadira Adames, Jefa del Departamento de Población y Vivienda de la Dirección de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, afirma que según los resultados de la Encuesta de Trabajo Infantil (ETI), los padres o encargados de los niños y adolescentes trabajadores sostienen que una de las principales razones para dejarlos trabajar a tempranas edades es porque así pueden cooperar con el hogar, al brindar apoyo económico que pueda beneficiar de alguna manera su estado de pobreza.
Podemos encontrar también en esta encuesta, que una de las consecuencias negativas para los niños trabajadores panameños y que preocupa, es la inasistencia escolar, que se ve en todas las regiones del país, reflejado en un 15.1 % de tasa de inasistencia nacional. Pero en especial, en las áreas rurales y en adolescentes con una tasa del 23.2% y 29.5% respectivamente.
Adames comenta que con la ETI se pudieron llegar a conclusiones muy importantes como los 14, 266 niños y niñas que no tienen la edad legal para trabajar (15 años), es decir 29.7% del total. Además, se pudo conocer que, a pesar de que los padres o encargados de los menores trabajadores les permitiesen laborar, 65.6% de estos opinan que el bienestar económico de la familia no se vería afectado si el niño, niña o adolescente dejara de trabajar.
Una de las formas más evidentes de Trabajo Infantil en la Ciudad de Panamá, es el que realizan los jóvenes empacadores de los supermercados.
Según la investigadora Emma Mendoza, se les llama empacadores a los jóvenes que se encargan de colocar y ordenar las mercancías que compran los clientes de los supermercados, en sus respectivas bolsas y trasladarlos a los automóviles o taxis.
Estos jóvenes trabajadores, a pesar del esfuerzo físico y mental que realizan, no son considerados como tal por los dueños de los supermercados. No devengan salario, no tienen vacaciones, prestaciones de seguridad social, etcétera. Además, carecen de la protección del Código Laboral; por ejemplo, no tienen regulación ni compensación de jornadas nocturnas.
La Coordinadora Popular de Derechos Humanos de Panamá (COPODEHUPA) realizó un estudio en 1992 llamado "Diagnóstico de la situación de la niñez en Panamá" que determinó el grado de indefección y desprotección de los menores que trabajan; dentro de estos destacan en la ciudad capital, aquellos que laboran en los supermercados.
Más tarde, un nuevo estudio llamado "Los Niños de los Supermercados: Un Enfoque Sociológico" (1998) aportó más datos sobre el estado real de estos chicos. Estableció entre lo más sobresaliente, que la mayoría de los jóvenes empacadores cursa estudios de nivel secundario, un alto porcentaje reside en barrios populares y que el motivo principal que les impulsa a esta actividad es ayudar a la familia.
La periodista argentina Mariana Ciaschini, especialista en lo referente a los Derechos de la Niñez, que estuvo en Panamá hace algunas semanas, opinó en una entrevista para la Revista Ellas sobre el tema de los jóvenes empacadores ".. Me parece que es un tema bastante complejo, que no podemos reducir a la ligera. Por un lado, si a los supermercados les hacen falta empacadores, hay muchos adultos con necesidad de trabajo, tanto aquí como en la mayoría de los países latinoamericanos."
"Está mal que los chicos (los niños/niñas) tengan que trabajar. Está mal que la polémica se centre en si faltan empacadores, pues lo que sobra es mano de obra, y tampoco lo es qué hacen los niños en ese tiempo libre, pues ahí tenemos una cantidad de cosas que ellos desearían querer hacer. Solo requieren un empujoncito para que descubran actividades placenteras, recreativas, de aprendizaje y solidarias, inclusive.", agregó.
De acuerdo con la OIT-IPEC, estos medios de trabajo para la subsistencia de miles de niños y adolescentes les conlleva grandes riesgos para su integridad física y moral. Los menores de edad se exponen en los supermercados a largas jornadas de trabajo, sufren maltrato físico y psicológico; insultos y están expuestos al acoso y abuso sexual. Muchos sufren dolores musculares, lesiones, fracturas y deformación de la columna debido a los grandes pesos que cargan o arrastran. Estos efectos negativos, se suman al hecho de que este tipo de trabajo también interfiere en el acceso y rendimiento escolar de los niños y adolescentes.
El Convenio número 182 sobre las peores formas del trabajo infantil adoptado en 1999 y el Convenio número 138 sobre la Edad mínima, adoptado en 1973, se cuentan entre los instrumentos de la OIT ratificados por la mayoría de países de América Latina. Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras, ya cuentan con un Código en beneficio de la niñez y la adolescencia; mientras que en Panamá la solución se encuentra aún en un anteproyecto de ley presentado desde 1999 y que hoy se encuentra en la Asamblea Nacional de Diputados en la Comisión de Niñez, Familia y Mujer. Briseida Barrantes, Asistente Técnica Programa País de la OIT , se refiere a esta propuesta de ley como una ley integral, que al igual que en los otros países busca unir en un sólo documento todos los códigos, derechos y reglamentaciones sobre la niñez. Dentro de este anteproyecto de ley existe un artículo sobre el trabajo infantil, que de acuerdo a los convenios internacionales, establece la edad mínima para trabajar y que busca beneficiar a niños y niñas entre 5 y 17 años, que corren serios riesgos al trabajar en un sector donde enfrentan situaciones que ponen en peligro su integridad.
El Decreto Ejecutivo No.25 del 15 de abril de 1997 crea el Comité para la Erradicación del Trabajo Infantil y Protección a la Persona Adolescente Trabajadora, su función es coordinar, evaluar y dar seguimiento a los esfuerzos en favor de la lucha contra el trabajo infantil.
Este año se realizó la primera reunión del Comité con el objetivo de compartir información sobre la situación del Trabajo Infantil en Panamá, además de establecer la agenda de trabajo de este organismo y su Secretaría Técnica.
Este órgano es presidido por la Primera Dama de la República, y reúne a 27 organismos del Estado y la sociedad civil que de alguna manera manejan el tema del trabajo y de la infancia.
Por el Ministerio de Trabajo participó el Ingeniero Jaime López, Director Nacional de Inspección del Trabajo, quien hizo una reseña sobre los esfuerzos realizados por la institución, donde se destaca la firma, el 13 de junio de 1996, del primer Memorando de Entendimiento con la OIT , para asumir compromisos y desarrollar programas encaminados hacia la erradicación progresiva del trabajo infantil y protección de la niñez, y lograr la participación de empleadores, trabajadores, organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil.
20 millones de niños y niñas trabajan en América Latina
Nota del Editor: Flor Ortega, periodista reconocida y docente de periodismo, nos ha hecho llegar un excelente artículo sobre Trabajo Infantil, elaborada por sus estudiantes en la Universidad Santa Maria La Antigua (USMA), y que a continuación reproducimos. Gracias Flor.