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Acelerador al fondo, pero no en las calles

Los amantes de la velocidad pueden desbordar su pasión en un lugar adecuado como la pista de Chame.


Tener un auto con varios cientos de "fogosos" caballos agitándose en su motor, es una verdadera tentación para que cualquiera le hunda el pie al acelerador en calles muy transitadas.
Amigo lector. No tenemos que explicarle los peligros. Todos hemos sido testigos de las consecuencias fatales que implica el estar al volante de un vehículo superveloz. A esta tentación sucumben especialmente los jóvenes.
Las calles no son para hacer regatas, pues la irresponsabilidad en el manejo pone en peligro a los demás conductores, peatones, a los mismos conductores y los bienes propios y de terceros.
Los apasionados de la velocidad pueden descargar toda su adrenalina en un lugar acondicionado y con todas las medidas de seguridad para evitar tragedias.
El costarricense Elyín Rodríguez Rojas es uno de los organizadores de las carreras de aceleración.
Invitó a todas las personas que tengan autos rápidos a que se quiten las ganas en la pista de aceleración de Chame. Los requisitos: Pagar 30.00 dólares, que no son nada ante el valor y significado que tiene la vida; portar casco protector, cinturón de seguridad y extintor de incendios.
"La solución no va a ser que se decomise a los infractores sus autos rápidos, sino orientarlos para que corran en un sitio con todas las medidas de seguridad", recomendó Rodríguez Rojas.
El piloto Raúl "Munndo" Martín también aconsejó a los conductores que no cometan la "locura" de hacer regatas en las calles.
"Que vayan a competir a una pista con seguridad. Allí sí pueden demostrar quién es quién y se separan a los niños de los hombres", afirmó Martín.
Estas recomendaciones surgen luego de la tragedia ocurrida el pasado domingo en la noche cuando el joven Jack Gazal, de 23 años perdió la vida y otras personas resultaron heridas cuando hacía regatas con Kenyi Tatzuro Odai en Calle 50.
En Panamá se hacen carreras de aceleración controladas y con todas las medidas y reglas de seguridad desde el año pasado.
Es una actividad deportiva que reúne a gran cantidad de aficionados que pueden disfrutar del espectáculo con buena protección.
El grupo de ocho jóvenes, trabajó toda la semana, de 8 a 5, en Casa Esperanza, no solamente en el centro de Bella Vista, sino que también fueron todos los días a los sitios en la ciudad de donde proceden los niños - Chorrillo, San Miguelito, Curundú, y también al vertedero. Todas las noches se sentaban a reflexionar sobre los acontecimientos del día. Uno de los estudiantes era mi hija Laurie. Les quiero relatar las impresiones del grupo.
Vieron niños descalzos caminando por calles en donde había vidrios rotos y lodo. Riachuelos de aguas negras que corrían al lado y debajo de las casas. Familias de 4 y 5 personas que comparten un colchón sucio y mojado. Niños tomando agua de latas usadas y sucias.
Los trabajadores sociales de Casa Esperanza, una gran inspiración. El amor y el afecto de la gente de Casa Esperanza para los niños y las familias.
El respeto por los clientes que mostraba el personal de Casa Esperanza. Los trataban como hermanos; jamás con desprecio. Y algunas impresiones mas:
Los niños tienen sueños, aspiran ser policías, abogados y hasta presidentes de la república; Aun cuando padecen de mala nutrición y llevan cicatrices que evidencian las dificultades de sus vidas, los niños quieren aprender y poseen determinación y espíritu.
Ellos anhelan los abrazos y las muestras de afecto. Otros aspectos - lo que más llamó la atención de mi hija de 20 años: En Curundú, la cantidad de afiches políticos y el número de niños que llevaban camisetas de los candidatos. Para ella, era como un simbolismo de desesperación y de promesas incumplidas.
La gran brecha que existe entre los que tienen mucho y los que no poseen nada. Imagínense la impresión de ir al vertedero, donde vieron niños jugando en la suciedad - y luego ir a la casa de un amigo mío panameño para cenar entre el lujo de su piscina.
Yo percibo que mi función aquí de embajadora es no solamente representar al gobierno de Estados Unidos, sino mucho más. Represento al pueblo de mi país ante el pueblo panameño. El servir de puente entre nuestros dos países es mi misión. Una parte importante de mi trabajo es la de transmitir una descripción de Panamá a mis conciudadanos y también ayudar a los panameños a entender los valores fundamentales de Estados Unidos. Tanto los panameños como los estadounidenses compartimos un interés común por nuestros ciudadanos. La generosidad y la bondad son características de ambas sociedades.
El pueblo estadounidense, a través del gobierno y los esfuerzos privados, está comprometido a hacer su contribución para ayudar al panameño de escasos recursos. Igualmente, solicito de ustedes una atención y acciones urgentes.
Muchas gracias.


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158308
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América