Lo que debería ser una celebración anual llena de sonrisas, brillo e inocencia, ha sido opacada por las ‘impresionantes’ cifras de abuso y explotación sexual de menores de edad que revelan las autoridades.
Los encargados de atender estos casos son del concepto de que quienes desarrollan políticas preventivas tienen mucho por hacer y poco que festejar el tercer domingo de julio, cuando en Panamá se celebra el Día del Niño.
Aunque las estadísticas de la Fiscalía Primera de Circuito de Panamá, especializada en delitos contra la libertad e integridad sexual y tráfico de personas, revelan que en el 2010 hubo una leve disminución (602 casos) en comparación con el 2009, con 611, se presentó un alza en los casos de víctimas menores entre 0 a 4 años. En 2009 se dieron 30 casos de abusos, y en 2010 se dispararon a 50.
Liz Vásquez, coordinadora de la Secretaría Técnica de la Comisión Nacional para el Estudio y la Prevención de los Delitos Relacionados con Drogas (Conapred), aseguró que se trabaja en las herramientas necesarias para concienciar y castigar.
“Debemos tener claro y explicarle a la comunidad que se tiene que denunciar al explotador, para ponerle un freno a la impunidad”, sentenció.
Vásquez aseguró que hay una tendencia a la pornografía infantil, pero también a las relaciones sexuales remuneradas de adultos con menores. La piedra en el zapato -dice- es que se trata de redes que operan igual que el crimen organizado y el narcotráfico.
“Sabemos que existen células de este tipo, pero también estamos conscientes de que requerimos de personal especializado para darles seguimiento a estas organizaciones”, afirmó.
La operación encubierta lleva meses, y el traslado constante de personal de la Policía es la mayor dificultad.
Mientras que en la Secretaría Nacional de Infancia, Adolescencia y Familia (Seniaf) tratan de ponerle brillo a la celebración, la propia directora de la entidad, Gloria Lozano, calificó de “lacras” a las personas que sin escrúpulo abusan de los menores.
“En nuestra sociedad aún aflora ese primitivismo del ser humano, pero es un trabajo de todos erradicarlo”, mencionó.
Los registros estadísticos de la Seniaf dan cuenta de que en el 2010 se atendieron más de 200 denuncias por abusos a menores en sus distintas modalidades. “Desgraciadamente, es una constante que se mantiene”, enfatizó.
Dentro de todos los temas, confesó que los que más le preocupan como funcionaria es el maltrato y la limitación de los menores para acceder a una educación de manera integral.
Por su parte, Sor Lourdes Reis, del Hogar San José de Malambo, ve con preocupación las estadísticas y el desánimo de las autoridades en atacar el problema cuanto antes.
Lejos de una solución inmediata, Reis siente que hace falta un plan agresivo de educación que le permita a la población contar con las herramientas necesarias para acabar con la impunidad del delito y rescatar los valores familiares.
“Es muy poco los esfuerzos que se están haciendo, hay que ser más proactivo y atacar la prevención para disminuir las estadísticas”, denunció.
Manifestó que es importante que la comunidad sea exigente con las autoridades en cuanto al cumplimiento de la ley que sanciona este delito.