“Pero una amiga me dijo que yo tenía que estar allí para apoyarlo. Así que me aferré a eso y seguí yendo”.
“Traté de no llorar. Nuestro hijo, Ramiro Jr., me dijo: Mami, en el béisbol no se llora. El tiene 4 años. Yo le había dicho eso cuando él jugaba ‘T-ball’”. Hacía poco tiempo, en la ciudad, cuando se vieron por primera vez - el compañero panameño y cerrador de los Yankees, Mariano Rivera, quien fue su padrino de bodas - no hubo lágrimas para la familia Mendoza; sólo sonrisas de alivio y felicidad. Más de tres semanas después, él fue enviado a las ligas menores para volver a ganar confianza -Cynthia Mendoza sacudió su cabeza en señal de incredulidad, cuando se habló de la lesión fantasma de la rodilla, de la que aparentemente sufría su marido. - Ramiro Mendoza regresó triunfal ayer, no como un relevista, sino como un lanzador abridor, mejor aún que el poderoso Roger Clemens. El lanzó cinco episodios sin anotación y permitió a un solo corredor de los Yankees llegar tan lejos como a la tercera base, en la segunda paliza consecutiva que le dieron los Boston a los Yankees: 10 a 2. Cynthia Mendoza desde su asiento, en la sección de los visitantes familiares en el Yankee Stadium, tenía una respuesta para todos los escépticos que pensaban que “El Brujo”, jamás iba a poderle ganar al Rocket.
“¿Quién fue el último jugador en vencer a Roger Clemens cuando usaba el uniforme de los Boston?” ella preguntó. “Ramiro. Lo hizo entonces, así que nosotros sentíamos que lo podía hacer otra vez”.
Pueden revisarlo. Clemens inició su último juego en un uniforme de los Medias Rojas de Boston el 28 de septiembre de 1996, en Fenway Park, y perdió 4 a 2. Su torpedero ese día era un recién llegado llamado Nomar Garciaparra. Mendoza, quien lanzó cuatro episodios sin anotación en relevo de Andy Pettitte, se acreditó la victoria. En ese momento tenía 24 años, y apenas iba por su segunda temporada en las ligas mayores.
Ninguna otra temporada ha sido tan difícil para Mendoza como ésta, la primera con los Medias Rojas. Él había estado muy emocionado cuando el equipo lo firmó en un convenio a dos años por $ 6.5 millones, este invierno, aunque esto significara dejar a los Yankees, el único equipo que él había conocido.
“ Creo que estaba listo para un cambio”, dijo Cynthia Mendoza. “Él no se encontraba muy estable con los Yankees. Nunca sabía realmente dónde iba a estar entre hoy y mañana. Cuando el contrato se formalizó, estaba muy contento, muy emocionado. Su padre adoptivo, Frank Bokoff, quien vive en Norwich, Connecticut, es un gran fanático de los Boston. Siempre soñó con que Ramiro lanzara para los Medias Rojas.”
El estaba tan preocupado por su sinker, manifestó el coach de picheo interino, Dave Wallece, que él empezó usando sus otros lanzamientos.
Los Medias Rojas colocaron a Mendoza en la lista de los lesionados el 13 de junio, utilizando el pretexto de una lesión en la rodilla. Todo el mundo sabía que no era su rodilla, sino su cabeza y su corazón lo que le estaba doliendo.
“Eso fue muy duro”, declaró Cynthia Mendoza con respecto a su degradación a Fort Myers, Florida, y a la Liga de Medias Rojas de la Costa del Golfo, el peldaño más bajo de las ligas menores. “Es cierto que perdió un poco la confianza, pero él no lo podía creer. Estaba en shock.
“Pero, después de una semana aquí - dijo , ya estoy aquí y más vale que haga algo’”.
Los Medias Rojas decidieron que el mejor curso de acción era que Mendoza abriera algunos juegos - algo que él había hecho sólo de forma intermitente con los Yankees, a pesar de que él prefiriera ser abridor que relevista - al tiempo que trabajaba en su regreso al club de las ligas mayores. Y lo hizo bien: En tres salidas, lanzó 12 episodios sin anotación. Su éxito permitió a los Medias Rojas lograr lo que resultó ser una decisión que marcó un cambio profundo, sacando de la rotación a Byung Hyun Kim, haciéndolo el cerrador, y echando los dados con Mendoza. Hace una semana, el manager de los Boston, Grady Little, estaba confiado de que el plan daría resultados. “ Creo que esto será exactamente lo que ordenó el médico”, dijo.
La Nación puede haber estado llena de personas dudosas, entrando ayer, pero a la vez que admite que ella estaba nerviosa, Cynthia Mendoza, cuyas raíces son dominicanas, dijo que ella no era una de esas personas.
“ Ramiro es muy tímido, muy sensible” - dijo - “Él se guarda muchas cosas para él, que ni a mí me dice. Esta mañana estaba más callado que de costumbre. Le pregunté: ¿Estás emocionado? Contestó: “Sí”. Por si acaso, ella admite que elevó algunas plegarias. “Muchas”, confiesa con una sonrisa. “He estado leyendo un libro que la esposa de Bernie Williams me dio, y la parte que estoy leyendo ahora se refiere a que todos somos criaturas de Dios, y que no se trata de lo que hacemos, sino de lo que Dios nos permite hacer. Y yo estaba justamente rezando para que Dios le permitiera hacer una buena salida”.
En su primera salida como abridor, desde el 9 de junio del 2001, los Medias Rojas no hubieran podido pedir una mejor salida para Mendoza. Él renunció a dos sencillos consecutivas para abrir el segundo, pero indujo a Robin Ventura a batear para una doble matanza. Otro sencillo iniciado en el cuarto episodio fue anulado con otro batazo para doble matanza de Ventura, y en el quinto, después de llenar las bases con dos outs, con dos hits (uno de ellos un infield hit) y una base por bolas, Mendoza terminó con un éxito, haciendo que Rubén Sierra bateara directo al montículo.
“Esa fue una verdadera buena salida para él”, dijo Little, y “una enorme para nosotros”.
La única vez que Mendoza mostró alguna incomodidad durante el día fue cuando se tuvo que parar frente a su locker y contestar a las preguntas de los reporteros. “Ellos me dieron una oportunidad de abrir”, dijo acerca de su retorno a los Medias Rojas. “Yo respeto a esa gente de los Yankees. Yo hice mis mejores lanzamientos para conseguir outs”. En las gradas, Cynthia Mendoza dijo que esperaba que su marido se estuviera sonriendo cuando regresara al hotel del equipo.
“Estoy rogando al Señor”, dijo, “para que vuelva a tomar su camino”.