A sólo horas de los comicios que determinarán la orientación política de México por los próximos seis años, Fernando Solana, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado se muestra confiado del futuro.
Aunque tiene fe que el candidato oficial Vicente Labastida saldrá electo, el veterano legislador antepone la unidad nacional como el gran objetivo tras la reñida contienda electoral.
"Muchos mexicanos, independientemente de donde estemos, trabajaremos a partir del 4 ó el 5 de julio por que el país siga unido, y creo que lo lograremos" señala. "La campaña ha sido tan agresiva, tan tensa, que podría romperse la unidad nacional muy en serio".
En la amplia biblioteca que ocupan los dos primeros pisos de su moderna casa en el centro de la capital, el connotado politólogo del oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) expone sus ideas en una entrevista con el enviado de EL PANAMA AMERICA.
Solana es un hombre de mediana estatura, delgado, esgrime su experiencia en un momento de catedrático, en otro de banquero, para argumentar una mayor dimensión social a la política económica, en oposición al neoliberalismo de ultranza para adecuar al mundo en desarrollo a los retos de la globalización.
Asimismo promulga la continua expansión de la democracia en su país y las relaciones con Sudamérica y sus vecinos del Norte, Estados Unidos y Canadá., así como nuevas normas comerciales para proteger al hemisferio frente a las corrientes globalizantes que llegan a sus costas tanto del lado Atlántico como del Pacifico.
A este variado menú de temas Solana trae una rara experiencia propia, porque pocos políticos en México han tenido su trayectoria de hombre Renacentista: a los 67 anos ha pasado por las carteras de Educación, Comercio y Relaciones Exteriores en los gabinetes de cinco sexenios, además de haber sido presidente del Banco Nacional y protagonizador del desarrollo musical y artístico de la capital.
Quizás por su visión global, Solana aprueba de la convocatoria del presidente Fernando Henrique Cardoso de una primera cumbre Sudamericana para crear una comunidad alrededor del Mercosur, y considera indispensable un entendimiento entre los dos países para crear "un eje entre Norte y Sur", capaz de enfrentar más efectivamente la globalización. Esto contrasta con la posición antagónica que adoptó la canciller mexicana Rosario Green en un reciente encuentro de cancilleres en Colombia.
El senador reconoce que los años en la arena política lo han moderado. No obstante, no resiste la tentación de introducir algo de proselitismo de última hora al avaluar la labor del PRI a la vez que deja deslizar su desconfianza ante la candidatura del opositor Vicente Fox.
Pregunta: ¿Cómo anticipa que transcurrirá la votación y los resultados de la elección?
Respuesta: Este es un momento de incertidumbre. Yo creo que realmente se ha establecido un sistema electoral transparente, equitativo, independiente, enormemente poderoso y eficaz. Creo que esto es una creación fundamentalmente de la transformación de la sociedad mexicana de una demanda del pueblo del PRI y de los gobiernos del PRI para que realice este cambio. No sé qué va a pasar, evidentemente sé lo que yo quisiera que pasara. Yo siento mucho más equilibrio, experiencia y capacidad de transformación con rumbo, saber a dónde vamos, dónde yo estoy. De los otros lados veo una avidez de llegar al poder, entendible, legítima, pero sin rumbo, hablan de un cambio pero no veo hacia dónde.
¿Cómo se compara esta etapa de la vida política mexicana con la evolución del resto del continente, digamos desde los setenta cuando predominaban los regímenes militares y las economías dirigidas?
Los tiempos de gran cambio a partir de los ochenta tanto en la parte económica como en lo político. Los tiempos de las dictaduras militares que fueron tan poderosas y brutales, particularmente en el Cono Sur pero también en algunos países andinos y en América Central, se fueron superando gradualmente cuando hubo un cambio en gran medida de los Estados Unidos de no estar apoyando a éstas.
Las dictaduras militares eran un instrumento que dejaban pasar o a veces incluso apoyaban e impulsaban los EUA para asegurarle una estabilidad mínima a América Latina de acuerdo con sus intereses a costa de una afectación muy seria a sus democracias.
Claro, no era sólo el factor norteamericano, ni mucho menos. Pero si éste contó de alguna manera para que se consolidaran estas dictaduras en Chile, Argentina y Brasil.
Pero eso fue cambiando y realmente a partir de los ochenta cuando se dio una gran apertura en ese sentido, de un avance hacia la democracia en la América Latina muy notable hasta que ha venido a culminar en estos últimos años en donde realmente America Latina es un espacio democrático de enorme vigor.
¿Qué curso ha seguido México?
En todo este periodo México se caracterizó por ser una sociedad de una organización distinta. Porque tenía un partido político fruto de una revolución que era en si mismo más que un partido competitivo, era un espacio de concertación política y bastante abierto, bastante democrático sobre todo en las primeras décadas y que daba un espacio de libertad; tal es así, que aquí se venían a refugiar los exiliados políticos de Europa Central, de España, de toda Latinoamérica... Son caminos distintos. En el caso del PRI, esta situación se agotó, porque la estructura no impidió manifestaciones de corrupción, sobre todo en los años después de la Segunda Guerra Mundial, a los que se añadieron manifestaciones de autoritarismo brutales y en el 68 hubo una explosión.
A partir del 68 empieza a haber en México una transformación democrática gradualmente que se manifiesta de una manera populista con Luis Echeverría y que se manifiesta en transformaciones de las leyes, con la época del presidente López Portillo cuando puso a Jesús Reyes Heroles en la secretaría de la Gobernación. Hasta nuestros días en que ya hemos logrado un sistema electoral absolutamente equitativo, transparente y abierto. ¿Y volviendo a toda Latinoamérica?
El resto de America Latina se fue abriendo hacia la democracia y de alguna manera yo creo que esta se ha ido consolidando notablemente en los últimos años. Pero junto a la democracia vienen los aires de la globalización, de la apertura. Y se establece desde Washington ese famoso consenso de Washington en que marcan los criterios para la política económica de los países en desarrollo, básicamente el Fondo Monetario Internacional, el departamento de Tesoro de Estados Unidos, el Banco Mundial de alguna manea y que se inducen o eventualmente se imponen, a través de las cartas que se firman por cada país de América Latina con problemas de deuda y con problemas macroeconómicos con el Fondo Monetario Internacional, con sus partes positivas de recuperación del equilibrio monetario y de los equilibrios macroeconómicos pero con su costo social.
¿Dónde estamos ahora?
Yo creo que a América Latina le llega un momento en el cual se impone una democracia, muy reconocida, muy consolidada, una democracia representativa de tipo occidental. Porque finalmente son los modelos que estamos trayendo de afuera, coincide con una situación de recuperación de una estabilidad macroeconómica, porque las políticas del Fondo Monetario Internacional tienen sus resultados positivos, las inflaciones que hubo en Brasil, que hubo en Argentina, que hubo en Chile y que hubo en México posteriormente, ya son cosas del pasado.
Pero al mismo tiempo se dieron dos hechos, la polarización del ingreso, empeora la distribución de la riqueza, se logran equilibrios macroeconómicos, se logran juegos democráticos electorales transparentes, pero hay un rompimiento de las sociedades internamente en cada uno de nuestros países. Se polariza mucho, en unos más que en otros.
La polarización no solamente en México, en Guatemala o en Brasil, donde siempre han habido pobres, pero ahora se han polarizado más, se hizo más notable esa pobreza.
Pero también en la Argentina y en Uruguay donde en alguna época fueron sociedades con mejor tejido, más equilibradas, se polarizaron muchísimo.
¿Dónde está ahora América Latina?
Yo diría que los años 80 fueron perdidos, son los años del ajuste macroeconómico, del retraso para algunos países como México, fueron brutales una gran caída del producto nacional y por habitante. Pero ya en
este momento tenemos en America Latina un razonable equilibrio macroeconómico, tenemos sistemas electorales de democracia representativa satisfactorios.
En México yo diría que tenemos un excepcionalmente trasparente y bajo control de autoridades civiles, que es el Instituto Federal Electoral. Yo diría que tan excesivos, vale decirlo así, porque corresponde a la desconfianza que había respecto al sistema.
Pero sí tenemos a cambio de ello, en contra sociedades polarizadas en situaciones tan agudas y tan precarias como puede ser el caso de Colombia como extremo, donde se ha podido volar por falta de un estado nacional más estructurado el crimen organizado de una manera muy, muy delicada.
Estamos en un momento nuevamente muy delicado. Si América Latina es capaz de preservar su vida democrática, utilizarla como un instrumento de moderación y si se proyecta y se amplía democráticamente hacia una vida socialmente más igualitaria y hay conciencia de ello, yo creo que si se lograra esto, por lo menos en los países claves de America Latina, en Brasil, en Argentina, en México, en Chile-- ojalá fuera en Colombia, Venezuela y Perú-- y si se lograra ésto siento que América Latina puede tener una etapa de desarrollo notabilísima, de desarrollo no sólo económico sino social de construcción de clase media mucho más sólidas y políticamente mucho más estable, en un lapso relativamente breve de dos o tres décadas.
Si esto no se consolidara, puede venir un periodo de grandes tropezones donde del problema del rompimiento social fuéramos a desequilibrios económicos y políticos tales, que nos pudieran hacer un daño serio. Yo creo que los próximos cinco años, diez años máximo, son la clave, son muy delicados.
¿Donde se debe poner el mayor énfasis? Yo diría que las relaciones internacionales financieras en primer lugar, comerciales en segundo lugar, son mucho más importantes, más determinantes que las políticas. Este es un hecho, no? Tiene otras consecuencias para el futuro del Estado, para la falta de regulacion y de control democratico de los nuevos centros de poder volviendo a América Latina, yo siento que en America Latina hay visiones de ésto y un entendimiento de este problema; creo que líderes de América
Latina como Fernando Henrique Cardoso, creo que algunos líderes mexicanos también, tienen claridad de esa situación. Creo que van a hacer un esfuerzo por reconstituir el tejido de las sociedades nacionales.
No van a poder cambiar las reglas del mundo global y moderarlas, tenemos que ir al mundo global y no nos queda más tiempo, hay que aprender a transformarnos con rapidez y buscar posiciones de poder para influir en las decisiones que orientan al mundo global.
Esto lo podrán hacer dos o tres países, Brasil, México, quizás Argentina, y lo podrán hacer relativamente.
Por decir, una nueva tendencia: a pensar y hablar de la comunidad latinoamericana. Si fuera posible armar algunas instituciones comunitarias latinoamericanas, aunque sea a muy largo plazo, aunque nos lleve todo el siglo. Creo que entonces podría tener Latinoamérica una densidad y un peso para defender situaciones que le son de alguna manera comunes. Pero esto no es seguro ni es fácil.
Igual puede ocurrir que alguna parte quede más ligada a la parte Norte del continente y que otros traten, Brasil tratará, de armar un espacio sudamericano; ahora, si Brasil y México logran hacer una relación más estrecha, más funcional, habría esta posibilidad de un espacio. Yo le veo más posibilidad a eso desde el punto de vista político más que comercial o financiero.
¿Entonces qué futuro le ve al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas propuesto por el presidente Bill Clinton?
Eso es yendo a los proyectos que les veo dificultad. Yo no veo probable el Acuerdo Libre de las Américas porque carecería un poco de sentido, no? Ya sería cerrar esto. Tampoco le veo una posibilidad muy grande al Acuerdo de la Cuenca del Pacífico.
Yo creo que antes, si llega a haber algún entendimiento más claro, habría que impulsar la Organización Mundial de Comercio y llegar a acuerdos globales comerciales. Pero esos acuerdos globales comerciales tendrían que venir con acuerdos para regular de alguna manera, y poder tener cierta información sistemática de los flujos financieros.
Hay algunas propuestas, yo apoyo una de ellas, yo no veo más posibilidad en el corto plazo de tener información y eventualmente regulación sobre los flujos de capitales internacionales que crear un grupo de Trabajo en el International Bank of Settlements de Basilea, que es el banco central.
Como ex banquero, ¿Cómo ve las reformas que están clamando para el Fondo Monetario Internacional? Hay críticas para darle atención a lo social que empezó Wolfenson en el Banco Mundial y eso está bien. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, la OECD y el Banco de Basilea, deberían tener un nuevo Bretton Woods, y yo creo que habría que replantearse si vamos a dejar que todo lo decidan quiénes tenían los capitales, como está ocurriendo hoy. ¿Qué hacen ahora los estados nacionales? Compiten unos con otros por crear las mejores condiciones posibles para que inviertan en su territorio los grandes capitales del mundo. Que hace la Ford? Inglaterra, Brasil, México compiten a ver quién le da mejores condiciones para que la nueva planta Ford de quede en Sao Paulo, Saltillo, Coahuila México o cerca de Londres en Inglaterra.
Entonces esto está bien en cuanto la Ford que generalmente decide dónde voy, dónde me dan las mejores condiciones en detrimento, a veces, para cuestiones salariales, cuestiones ecológicas, inversiones adicionales que tienen que hacer el Estado para dar infraestructura o para darle preferencias fiscales.
Todo esto es un gran Mare Magnum que se ha creado en los últimos años que tiene mucho de positivo porque ha universalizado muchas cosas que antes no hubieran sido universalizadas el conocimiento, la oportunidad de entrar a la comunicación digital, pero que finalmente habrá que aterrizar pronto para darle un sentido más realista a las cosas.
En América Latina, yo siento que depende de que tengamos ésto y que nos adelantemos a las cosas, lo cual no es fácil. Podríamos sacar ventaja de lo que sí hemos hecho, que es dar un sistema de equilibrios de poder, de democracia electoral representativa sólidos y de paz interior.
Ya no hay guerritas en América Latina, ya no hay que gastar en armamento en Argentina y Brasil porque están peleándose a ver quien tiene mejores acorazados, o entre Perú y Ecuador porque se estaban peleando por un pedazo de tierra. Ya no quedan más que dos o tres problemas de fronteras, entre Venezuela y Colombia y uno más en Honduras, pero ya son cosas menores.
Eso se ha avanzado mucho pero tenemos que aterrizar la globalización, globalizar la globalización. Quiero decir que la globalización debe rendir beneficios no por unos cuantos, no por las multinacionales, sino para todo el mundo no solamente un beneficio en bienestar en el empleo, sino también como era la participación en la toma de decisiones. Esto como cosa global.
¿En todo esto quiero preguntarle qué lugar le otorga México a la observación de los derechos humanos, considerando que recientemente su delegación se opuso en Windsor, Canadá, cuando Estados Unidos y Canadá sugirieron que la Organización de los Estados Americanos (OEA) sancione al régimen de Alberto Fujimori por la represión contra la oposición, especialmente los medios informativos? Yo siento que hay casi un consenso en el mundo, casi un consenso en el sentido de que se respeten las soberanías nacionales, pero que el derecho del hombre el derecho del individuo es mayor, está en primerísimo lugar. Esto yo creo que es muy positivo.
De ahí las convenciones internacionales en defensa de los derechos humanos.
Y uno de los grandes problemas para que esto avance es que los Estados Unidos de América no ha ratificado ninguna de las convenciones importantes en defensa de los derechos humanos, ni las mundiales, ni las americanas.
México ha ratificado hasta la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.
El más cerrado en materia de soberanía nacional y el estado realmente del planeta son los Estados Unidos de América. Pero ahí, hasta que no se abra... Estados Unidos tiene en sus manos la posibilidad de ser la nación histórica del Siglo Veintiuno si realmente estimulara la destrucción de las armas nucleares y estimulara la defensa de los derechos humanos, empezando por adentro de ellos. Hay un juego doble como tú sabes, y este juego doble debilita la fuerza moral de los líderes norteamericanos y del mundo para ir más adelante porque yo sí creo que los derechos humanos, si fuera universal, las medidas debieran ser aplicables a todos.
Pensemos en el caso de Chile, estamos sobre Pinochet, pero qué hemos hecho sobre las autoridades norteamericanas que estaban manejando el departamento de Estado o la Casa Blanca o la CIA cuando apoyaron y establecieron la estrategia para que Pinochet le diera el golpe a Allende. Eso no se toca.
Vamos a pensar que se iba a detener a Bush o a Kissinger cuando pasaran por España o por Inglaterra, no, ellos no.
Esto, aunque no se hable de ello le resta fuerza mundial a Estados Unidos.
¿Ahora, después de casi treinta anos, están sacando a relucir nuevas pruebas sobre la desaparición de dos o tres jóvenes estadounidenses que desaparecieron durante la dictadura pinochetista? Hay una hipocresía enorme en todo esto.