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La democracia no es un sistema perfecto de gobierno... tiene numerosas y tremendas fallas que cualquier persona pensante puede ver. El problema viene cuando nos convencemos de que lo que nosotros pensamos es la Verdad. Y que los otros están equivocados


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, Actriz y escritora) / Antropóloga, Actriz y escritora

Volvemos una y otra vez al mismo tema de siempre, a mí me aburre ya un poco, pero escucho una y otra vez los mismos razonamientos un tanto simplistas. Creo que todos deberíamos calmarnos y analizar realmente de qué va todo este lio. Este embrollo de la democracia. Qué implica realmente y a qué nos obliga.

La democracia no es un sistema perfecto de gobierno. Al contrario, tiene numerosas y tremendas fallas que cualquier persona pensante, (no siempre ambos términos van unidos, no se equivoquen), puede ver. Pero, a pesar de sus defectos y sus grietas, la democracia es el único sistema que parece funcionar medianamente bien para las sociedades actuales de obtusos seres humanos. Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo. Un estado de derecho, una democracia participativa, unas leyes claras y los tres estamentos del Estado separados. Y no olvidemos tener clara la diferencia entre Estado y gobierno. ¿Me siguen? Creo que hasta ahora todos estamos más que de acuerdo, de lado y lado. Bien. Continuemos.

El problema viene cuando nos convencemos de que lo que nosotros pensamos es la Verdad. Ojo, así, en mayúscula: la Verdad. Y que los otros están equivocados, o engañados por perversos que los manipulan. Porque, razonamos, si no estuvieran manipulados no podrían pensar de forma distinta a nosotros. Ahí tenemos el problema. Un tremendo problema. Nosotros somos dueños de la Razón, está clarísimo, ¿no? Los que no piensan o actúan como nosotros están equivocados, o son pobres tarados engañados sin compasión por malévolas fuerzas. Punto. No estoy hablando de infringir la ley. No. Eso es otra cosa, y ahí no hay discusión posible sea quien sea quien lo haga, ¿vale? Pero en ambos sentidos, es decir, si alguien recibe una coima (y se le prueba) debe ir a la cárcel tanto el que paga como el que recibe. Ambos. Si alguien cierra una calle debe afrontar su responsabilidad y si agredes a un policía también. Nadie debe librarse de su culpa, ni el sinvergüenza que se escaqueó de su castigo por haber atropellado a dos personas mientras manejaba borracho, ni el que se lleva a su casa lo que no es suyo. Una cosa es homicidio y la otra es robo. Llamemos a las cosas por su nombre.

Pero el pensar diferente no es un delito. Es lo que se supone que somos libres de hacer en democracia. Nadie debería ser avergonzado por expresar su opinión, sea ésta del color que sea. Siento decirles que de eso exactamente va lo de la libertad de expresión, de que todo el mundo pueda expresar su opinión. Ahora bien, cuando digo todo el mundo, me refiero a todos. Los que opinan a favor y los que opinan en contra. Los que están de acuerdo y los que no. Los que están a gusto también tienen derecho a estarlo. ¿No? Pues no. No suele ser así. Por eso pienso que lo que no se tiene clara es esta cosa de la democracia.

Porque la democracia es precisamente eso: la minoría debe plegarse y aceptar el gobierno que decide la mayoría. Ojo que no estoy diciendo que la mayoría acierte siempre, ¿eh?, a veces hay gustos que merecen palos y elecciones que nos chirrían. Pero todo el mundo tiene el mismo derecho que tú y que yo a elegir. Asegurémonos de que no haya trampa ni cartón, pero si no los hay, ajo y agua (como decíamos los chiquillos en mis tiempos: ‘a joderse y aguantarse’). A quedarse oyendo piar a los pajaritos o a largarse y buscar otros lares donde piensen como nosotros.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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