Lance Armstrong dice que está ahora más en paz consigo mismo que en toda una década.
En su primera entrevista desde que la Agencia Estadounidense Antidopaje lo sancionó con una prohibición de por vida en el ciclismo profesional y lo despojó de sus siete títulos en el Tour de Francia, dijo que “nadie tiene que tenerme lástima. Voy a estar muy bien”.
De todos modos fue un atentado a su ego que un muchacho de 16 años, Keegan Swirbul, le ganara ayer en la carrera Power of Four de bicimontaña. Armstrong terminó segundo, casi cinco minutos detrás del adolescente.
Poco después de trasponer la meta, Armstrong dialogó unos pocos minutos hasta que dijo: “Bien, me voy a comer una hamburguesa con queso”.