Supimos que el 20 de marzo se conocerán los ganadores de los premios a los Valores Hípicos de la temporada del 2011.
Como es usual, varios de estos son ampliamente conocidos, debido a que dominaron en sus respectivas categorías, pero hay un par de renglones en los que existe algún nivel de expectativa. Uno de ellos es, sin lugar a dudas, el premio al “Caballo del Año”, el más relevante de todos.
En el 2011 no hubo realmente un caballo dominante en toda la temporada. Más que todo, se pudo apreciar figuras intermitentes que brillaron esporádicamente por diferentes razones, entre ellas, campañas cortas, lesiones y el decenso en su rendimiento, entre otros.
Hemos señalado antes que en lo personal tenemos una serie de parámetros o factores que ponemos sobre la balanza al momento de decidir nuestro voto en la sección del “Caballo del año”.
En ese sentido, estamos convencidos de que tienen mejores posibilidades de optar por la nominación y ganar el premio los aspirantes que cumplan con al menos una de las siguientes condiciones: haber ganado carreras de grado, ser campeón de su grupo, conquistar una triple corona, ganar el Clásico Internacional del Caribe, llevarse el Presidente de la República, estar invicto o ser líder en sumas ganadas.
Estas claves, que repetimos, son las que usamos para emitir responsablemente nuestro voto, sirven como indicio para hacer una selección más apegada a la realidad y divorciada de cualquier contaminación o suspicacia.
Y no es que hayamos descubierto el agua tibia, ya que criterios parecidos son empleados en otras latitudes. Así que, si la elección se dio basada en estas normas generales, seguramente el ejemplar que haya sido escogido como “Caballo del Año” será el producto de una buena lid y todos debemos aceptar y aplaudir la decisión.