Viejos entendidos en materia hípica -por lo menos aquellos que han tenido contacto con otras realidades-, coinciden en su mayoría en que los sistemas donde imperan carreras de Reclamo y Condicionales son los que más prosperidad reportan para la industria.
Pero, como anotamos recientemente, la hípica en Panamá es “especial” y quizás por eso es que las carreras de Reclamo y Condicionales no han tenido aquí el efecto deseado.
Centrémonos en las competencias de Reclamo. El espíritu de estas es que los mentores de cada equino vayan ubicando sus protegidos en los lotes donde: Uno, tengan posibilidades de correr contra caballos iguales, en términos de calidad; y, dos, que tengan oportunidad de correr regularmente. En ningún caso el principio de las carreras de Reclamo es para la venta y/o compra de caballos como está sucediendo aquí.
El asunto ha tomado ribetes interesantes, puesto que de un lado están los dueños de caballos que, no es que se opongan a las carreras de Reclamo, pero estiman que la cantidad que se presentan semanalmente es muy elevada y con ello se está privando de competir a caballos de mejor calidad o, por lo menos, aquellos que no quieren “arriesgar” sus caballos en Reclamos baratos como los que se hacen aquí.
Nos parece que la clave del asunto está en mejorar los premios de las carreras de Reclamo (que no tiene nada que ver con el “valor reclamable”). Pero, es en este punto donde la puerca tuerce el rabo, ya que el Hipódromo argumenta que se ha sobregirado en el pago de premios y los dueños de caballos, con justificada razón, aspiran a recibir ingresos cónsonos con el aumento de los insumos y costos generales para sostener la industria. ¡Qué vaina!