Deportes

Carta a mis dos Marías

"Proyecto mi sombra sobre el camino, soy lámpara que no ha sido encendida". Tagore


Queridas nietas:
¿Se acuerdan de lo que su abuela y yo les dijimos a las seis de la mañana del primer día de clases? Sé que escucharon con atención, pero dejaré en blanco y negro esas palabras, por si las moscas. Al ser publicadas en mi columna, podría ser que algunas niñas de su generación, y abuelos de la mía, se animen a leerlas. 

Comencé afirmando que conocí a algunos que realmente aborrecían la escuela. Con el tiempo, la abandonaron y abrieron una tienda, o una celda, o se dedicaron a la política. Definitivamente, eran gente sin vocación para el estudio. 

Y no hablaré más de ellos, eran los menos. 

 

Para la mayoría de mis amigos, el regreso a la escuela era la reanudación de una estupenda aventura. Significaba el sabroso reencuentro con caras conocidas, fueran amigos o rivales. Los lápices, el capote y el olor de los libros nuevos (que vieran que llevaba un libro de Álgebra me hacía sentir grande), la nívea blancura de la páginas de los cuadernos Mercedes, las plumas Sterbrook (¿se escribe así?). Eso por un lado, por el otro, y ahora caigo en cuenta de que era lo mejor del regreso a la escuela: el retorno al pensamiento. ¿Habrá aventura más infinita y colorida que ejercitar el pensamiento? Tras las vacaciones, que eran toda instinto, fatiga de músculos, desgaste de los sentidos y ejercitar el cuerpo hasta la extenuación (nadar y bucear en el río, correr olas en la playa, birrear béisbol en el cerro de Perejil, encampanar cometas, bailar trompos y la poco elegante competencia de eructos), irremediablemente nos invadía la nostalgia del pensar.

La escuela es por antonomasia la mansión del pensamiento. Enseñar a los estudiantes a pensar es la más alta aspiración de cualquier escuela que se respete. En ella, queridas nietas, ejercitarán la mente y la abrirán al conocimiento. ¡Verán qué mágico es acomodar en la mochila del cerebro, lo que no tenían antes. Y les advierto que esa mochila no se llena nunca. Lo que se aprende no pesa, más bien las hará más livianas y, quién sabe, en cualquier momento les permitirá volar.’


fecha edicion
old id
377685
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América