Hoy, hace cien artículos que empecé a escribir la columna 'Cantus interruptus' (canto interrumpido). El 28 de abril de 2013 salió publicado el primer artículo: 'Gabriel García Márquez y la música'. La semana anterior a ese primer escrito, recibí las pautas del editor del Suplemento DíaD del periódico , el periodista Egbert Lewis.
La cantidad de palabras que me asignó Egbert me hizo gracia: "puedes escribir alrededor de 440 palabras por artículo", dijo. Para un músico, 440 es un número importante. Es la cantidad de de la nota 'la' con la que se afinan los instrumentos. En un concierto de música sinfónica, el primer oboísta de la orquesta toca esa nota para afinar los instrumentos de viento y luego los de cuerda. Por eso cuido que mis artículos salgan afinados.
El espacio era reducido y de ahí el nombre 'Cantus interruptus', que en un descuido la vista o la mente pueden confundir con el primitivo método anticonceptivo. Pensé en las limitaciones de la columna y en Anton Webern, en su economía al escribir música. La cuarta de las 'Cinco piezas para orquesta, opus 10' de Webern, dura seis compases en la partitura y menos de medio minuto en el tiempo.
En la universidad donde enseño, les recuerdo a mis estudiantes de teoría de la música la sentencia de Igor Stravinsky: "la música se escribe con un borrador". Como en composición musical, el breve espacio de 'Cantus interruptus' me obligó a sacar lo que no sirve, a limpiar y sobre todo a corregir. Corregir mucho, ese fue el consejo más preciado que conservó Jorge Luis Borges de su padre. Después aprendería de Rudyard Kipling a pulir lo que escribía, imaginar primero las frases y luego decirlas en voz alta para que el oído las purgue. 'Cantus interruptus' es una lección semanal sobre cómo acercarse a la "brillante brevedad", característica de los grandes escritores según Ernest Hemingway.
Hoy, domingo 9 de agosto, me tomaré un Rioja o un Ribera del Duero para celebrar con buen vino cien artículos de soledad, porque es en soledad como se escribe. Brindaré por Egbert Lewis, por darme la oportunidad de publicar y por permitirme escribir lo que quiera, sin un ápice de censura. Brindaré por los compañeros que escriben cada semana en el suplemento: Héctor Collado, Pedro Crenes Castro, Ernesto Endara, Francisco Moreno Mejías y Mónica Miguel Franco que hace poco nos dejó. Brindaré por los que me leen y por los amigos que comentan lo que leen. Y brindaré por la felicidad, porque escribir es un oficio que se acerca mucho al placer que deja la felicidad.