El Clásico del fútbol panameño, sin duda alguna, fue un banquete. Los aficionados que se aproximaron al estadio Maracaná, de El Chorrillo, fueron testigos de acción fuera y dentro de la cancha.
El espectáculo futbolístico que habían prometido Plaza Amador y Tauro FC se quedó corto. Hubo buenas jugadas, pero fueron muy esporádicas.

Más allá del triunfo 1-0 del Plaza sobre el Tauro, las imprecisiones y el juego brusco se tomaron la cancha, mientras que en las gradas se vivía un frenesí alcohólico.
Al inicio del tiempo complementario, cayó el aguacero, y con él se vieron algunas impertinencias, como decimos en buen panameño, en la tribuna.
Desde mujeres hermosas en ambos bandos, hasta personas totalmente ebrias, con sed de violencia, animaban a su equipo en medio de los resbalones ocasionados por el piso mojado debido al aguacero, combinado de litros de cerveza tirados por aficionados.
Desde bailes hasta caídas enmarcaron este circo deportivo.
La celebración del tanto de Ismael Remacha, al minuto 90, tuvo detrás un cuento triste, gracias a un borracho impertinente. Cuenta un testigo que un infiltrado en la barra taurina resbaló desde el segundo piso de la gradería del estadio y fue a parar sobre el brazo de un niño que sí gozaba del fútbol.
Rápidamente, los estamentos del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) tomaron control del asunto y retiraron del inmueble al pequeño, quien caminaba sumergido en el dolor y el llanto debido a una visible fractura en la extremidad afectada.
El desenfreno en las gradas fue el espejo de la cancha, donde se vivió un desierto de buen fútbol, emociones contadas, tarjetas amarillas, una roja, encontrones y hachazos.