El infeliz anuncio hecho por la empresa operadora del Hipódromo Presidente Remón en cuanto a la disminución de un porcentaje significativo de los premios en lo que resta del año, constituye una prueba de fuego tanto para los dueños de caballos como para la administración del hipódromo.
Las características propias de la hípica hacen el asunto más complicado. Por un lado, la angustia de Equus por no poder cumplir con su deber y, por el otro, la lógica incomodidad de los dueños de caballos, quienes en definitiva no soportan un agravio más.
No lo resisten, porque seguir promoviendo la pobreza es una ofensa hacia quienes, mucha o poca cantidad, hacen aportes concretos y constantes hacia la actividad, generalmente con pérdidas a cuestas.
Los cálculos de Equus y de la mayoría de los hípicos fallaron. Una curva de ascenso percibida durante sus primeros dos años de administración daba razones suficientes para hacer estimaciones y proyecciones positivas para el año 2000, pero tristemente la realidad no se ha compadecido con lo presupuestado.
Esta corrección hecha en el rumbo por Equus es perfectamente comprensible. Es la práctica usual dentro del cualquier empresa, pero lo que irritante en este caso, es el momento en que se toma la decisión.
No había que ser muy talentoso para colegir, desde hace tres o cuatro meses, que las apuestas no iban a llegar a los niveles estimados. Si bien no se notó ningún descenso drástico, sino hasta el mes pasado, era evidente de que no se alcanzarían los objetivos trazados.
La matemática tiene la virtud de ser una ciencia exacta. Los números presentados por Equus evidencian una crisis y obligan a ahorrar. Lo malo es que lo decidieron muy tarde.
Aunque para ellos (Equus) implique un sacrificio más y se vean obligados a recurrir a otras fuentes de ingresos, - aunque éstas sean del extranjero -, existe un compromiso moral con los dueños de caballos y con la hípica en el sentido de cumplir con lo pactado.
Cueste lo que cueste, Equus debe soportar un mes más y hacer valer los premios establecidos en el calendario de clásicos y de las carreras ordinarias en diciembre.
¿De dónde sacarán el dinero?, no lo sabemos, pero insistimos que es un compromiso moral que tienen con la hípica. Si no pueden pagar los 4.2 millones prometidos este año - por las razones que sean -, entonces es lógico suponer que en el 2001 los 4.8 millones constituyen un espejismo, porque nadie garantiza que la situación económica del país va mejorar y Equus no ha demostrado la solvencia económica ni las aptitudes suficientes para cargar con la múcura.