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Corro a liberarme en mi sillón

“Querer ser libre es ser libre” Ludwig Börne


No lo creo, señor Ludwig, por lo que he visto y vivido, no me parece suficiente el querer ser libre para ser libre, aunque sí ayuda. ¿Será posible que en algún segundo mágico de tu vida te hayas sentido libre del azar, de los virus, de las leyes, de la cuenta de luz, de las colas bancarias, del miedo, de las ganas de..., de tu gobierno, del hambre, de la codicia, del amor?

¿De qué sirven las hermosas y vibrantes frases sobre la libertad, si no es para encendernos con sus fuegos fatuos? Me erizo con la de Raymond Aron: “La libertad no debe estar sometida ni siquiera a la verdad”.

Esa cualidad de “ser libres” es una cosificación de la abstracta libertad. Solamente eche usted una mirada a los dictadores de nuestros días que sacan astutamente de la chistera un montón de iniquidades, mientras juran y rejuran que morirían por la Libertad.

 

Rara, tal vez inexistente, la Constitución que no ofrezca la libertad de expresión para sus asociados. Casi lo mismo se pregona en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Pero (ay el maldito e inevitable “pero”), para gozar de la libertad de expresión debes tener una opinión que expresar. Es obvio que la ignorancia y la estupidez borran las opiniones y sólo dejan un afrecho de rencor o de llantina.

A raíz del 11/9, los ciudadanos más libres de América (¿Quiénes? Los gringos, ¡por mil demonios!) aceptaron sumisos las pérdidas de libertad a las que los sometería Bush en aras de su seguridad. Olvidaron la advertencia de uno de los mejores gringos que han existido en toda su historia, el agudo Benjamin Franklin que les dijo: “Los que cambian su libertad por su seguridad no merecen libertad ni seguridad.” Pero eso, my friend, parece más que imposible. Desde el momento en que acatamos las leyes (cosa que hacemos con la ilusión de no acatar a un tirano), estamos cambalachando un poco de nuestra libertad por tajadas de seguridad.

Cuando Tierno Galván dijo «Más libros más libres», quizá se refería a que la educación nos conduce a la libertad. Bien, pero a la libertad de la ignorancia. ¿Y las otras bellas libertades? Tierno Galván también podría haberse referido a los minutos (u horas) en que nos liberamos del mundo en que vivimos mientras vivimos en el mundo que leemos.

 

Termino, y corro a liberarme en mi sillón.


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553366
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América