El gobierno y los sindicatos buscaban puntos de consenso en el noveno día del bloqueo general de caminos de Bolivia, que ya se cobró cinco muertos, mientras se agudizaban las tensiones entre la coalición gobernante y el principal partido opositor del ex presidente liberal, Gonzalo Sánchez de Lozada.
A las invocaciones de la Iglesia católica para propiciar el diálogo se sumó ayer la gestión de la brigada parlamentaria de Cochabamba (450 km al sudeste de La Paz), donde el domingo se libraron encarnizados choques entre tropas y cocaleros, en el Chapare, y campesinos quechuas, en el valle alto.
Pese a que los canales de negociación están abiertos, con una reunión entre autoridades y el líder de los cocaleros, el pasado sábado, y con el Comité del Agua y la Vida, la principal organización cívica de Cochabamba, los campesinos decidieron redoblar los bloqueos, que desde la semana pasada han cortado el tráfico de vehículos entre el este y el oeste del país.
La ruta que une Cochabamba con Santa Cruz (este) "está cortada desde el kilómetro 8", relató un periodista a una emisora local, que añadió que la carretera troncal a La Paz, permanece interrumpida.
Mientras, el gobierno acusó al partido del ex presidente liberal Gonzalo Sánchez de Lozada de "articulador político de la desestabilización social" que agita al país desde hace una semana, según el ministro de la Presidencia, Wálter Guiteras.
La reacción gubernamental, respaldada por una coalición de partidos aliados, surgió luego que el partido del ex mandatario (1993-97), el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), difundió un documento de tono crítico sobre la convulsionada situación del país, caracterizada por un bloqueo.
"¿Puede la ADN (partido del presidente conservador Hugo Banzer), el MIR (del ex mandatario socialdemócrata Jaime Paz Zamora) y la UCS (populista) continuar gobernando el país y sacarnos del atolladero en el que nos encontramos?", preguntó el MNR.